Texto para debatir el tema de la libertad


Muchas obras literarias abordan el tema de la libertad, de elección y de acción, y la responsabilidad que implica tomar decisiones.

La Odisea, el Quijote y La vida es sueño son solo tres ejemplos de obras literarias que abren el diálogo y el debate sobre la libertad. Hoy les dejo un texto que reflexiona sobre la libertad, la responsabilidad y la educación: “La mariposa azul” de Miguel Ángel Santos Guerra, incluido en La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula (Homo Sapiens ediciones, 2006).

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La mariposa azul

Hay quien se empeña en endosar la raíz de todos sus males a fuerzas externas, a diversos agentes que no puede controlar, a instancias exógenas completamente ajenas a su influencia. Todo lo que les sucede tiene su origen en otras personas, en acontecimientos o circunstancias incontrolables.
Al parecer nada de lo que les pasa depende de su voluntad y nada es fruto de su exclusiva responsabilidad. El origen de sus carencias, limitaciones, defectos y problemas está en los dioses, en los políticos, en los profesores, en los padres, en los jefes o en el azar en general.
De esta sencilla manera evitan cualquier responsabilidad y dejan hecho trizas el concepto de libertad. El determinismo biológico, sociológico o psicológico explican cuál es la verdadera causa de la situación que atraviesan.
El miedo a la libertad (rememoro aquí el famoso libro de Erich Fromm) nos hace esclavos de nosotros mismos. Tenemos no sólo el derecho sino el deber de hacernos personas libres. Decía Max Stirner: “La libertad no puede ser concedida, tiene que ser conquistada”.
La libertad lleva aparejado el concepto de responsabilidad. Somos responsables porque somos libres. “Libertad significa responsabilidad dice Bernard Shaw por eso le tienen tanto miedo la mayoría de las personas”.
Hay condicionamientos e influencias, claro está. Pero somos responsables de nuestros actos. Por eso me sorprende esa miserable reacción que consiste en echar las culpas a los demás, a los jefes, a los acontecimientos o a los imponderables, esa irresponsable actitud de lavarse las manos ante hechos claramente imputables, y ese empeño tramposo de atribuirse los éxitos y de sacudirse los fracasos.
Los terroristas echan la culpa de sus crímenes al Estado opresor, los políticos en el poder a los que les precedieron en el gobierno, los delincuentes a las pésimas condiciones del contexto social, los profesores a los alumnos por ser torpes y perezosos, los padres a la negligencia de los profesores… ¿Nadie es responsable de nada? Al parecer no. Porque los terroristas siguen matando. Los políticos que cometen gravísimos errores no toman la decisión de abandonar sus puestos, los médicos que se equivocan son protegidos por una actitud gremialista de los colegas…
Muchos seres humanos buscamos excusas donde no debería haber más que conciencia de la irresponsabilidad cuando se han hecho las cosas mal.
– Es que…
– Es que…
– Es que..
Lo que sigue a esta expresión suelen ser excusas y disculpas, cuando no falsedades y mentiras. En definitiva, el rechazo de la responsabilidad.

Me envía una amiga la siguiente historia, de autor anónimo, que quiero compartir con el lector para avivar estas reflexiones sobre la responsabilidad y la libertad. Sobre los diversos determinismos que, a veces, nos atan al enajenamiento.
Había un viudo que vivía con sus dos hijas, curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. Él sabía responder algunas, otras no.
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a las preguntas sin la menor vacilación.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder.
Una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que utilizaría para engañar al sabio.
– ¿Qué vas a hacer?, preguntó la hermana.
– Voy a esconder la mariposa en mis manos y voy a preguntar al sabio si está viva o muerta. Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, será una respuesta equivocada.
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
– Tengo aquí una mariposa azul, dijo una de las hermanas. Dígame, ¿está viva o está muerta?
Con mucha calma, el sabio sonrió y respondió:
– La respuesta está en tus manos.
Así es nuestra vida. La tenemos en nuestras manos. Depende de nosotros mismos el hacerla respetable o indecente. Muchas veces la hacemos depender del pensamiento de otros, de las actitudes de los otros, de las decisiones de los otros, de las condiciones que nos rodean. El determinismo nos entrega al conformismo, al desaliento y a la irresponsabilidad.
El destino reparte las cartas. Y nosotros las jugamos. Depende, pues, de nosotros. Como dice José Antonio Marina: el estado del mar y la racha de los vientos no dependen de nosotros, pero sí el manejo del barco.
La mariposa azul de la vida está en nuestras manos. Podemos dejarla volar o aplastarla hasta la asfixia. Decir que el frío nos hizo apretar las manos o que el calor nos hizo separarlas son excusas inaceptables. Decía Forester que “la verdadera educación, antes que nada, debe comunicar el sentimiento de la responsabilidad personal”. Por eso, el colmo de la irresponsabilidad es que los padres respalden a sus hijos cuando han tenido comportamientos indeseables y han sido justamente reprendidos por sus educadores. No asumir responsabilidades es un signo evidente de inmadurez. Y no exigirlas es una señal muy clara de la inconsistencia del sistema educativo y de la misma democracia.

Tomado de La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula, de Miguel Angel Santos Guerra, Rosario: Homo Sapiens ediciones, 2006

Intertextualidades de Castillo, Borges y Cortázar


Ese diálogo y tráfico de influencias que llamamos intertextualidad (de la que ya hemos hablado aquí, allá, más allá y en otras entradas) está presente en un cuento del genial Abelardo Castillo: “Historia para un tal Gaido”.

CastilloEste cuento recrea la temática borgeana del malevo, el coraje y la venganza, tal como aparecen en “Hombre de la esquina rosada” y  “El fin” de Borges. Pero la estructura del cuento y ese deslizamiento desde lo verosímil hacia lo fantástico lleva la impronta de Cortázar: el final de “Historia para un tal Gaido” nos remite a “Continuidad de los parques”.

El estudio escrito por Aníbal Jarkowski para El candelabro de plata y otros cuentos, de Abelardo Castillo, editado por Alfaguara, nos dice:

“Historia para un tal Gaido” es una irónica reescritura de aquellos cuentos que Borges dedicó a la veneración de un mítico coraje que guapos, malevos y compadres ejercieron en las, también míticas, orillas de Buenos Aires. […] Como resulta más o menos evidente, pero también inesperado, el final del relato se aparta de la solución borgeana […] y opta, en cambio, por el deslizamiento de la ficción sobre la realidad que Cortázar practicó en cuentos notables como “Continuidad de los parques” o “Instrucciones para John Howell”.

Recuros digitales:

“Julio Cortázar”, por A. Castillo, en Ser escritor, Buenos Aires, Ed. Perfil, 1997. Leer en este enlace.

Leer el cuento “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar en esta entrada.

Leer “Historia para un tal Gaido” en este enlac.
Pueden leer el cuento “El candelabro de plata” de Castillo en este enlace.

En este enlace, pueden descargar gratis la Guía de lectura de El candelabro de plata y otros cuentos, de Abelardo castillo, editado por Alfaguara.

“La intensidad”, por Guillermo Saccomanno. Reseña publicada en Radar, Página/12, 2006.

“Vale decir”, entrevista a Abelardo Castillo, Radar, Página/12, 2011.

Entrevita a Abelardo Castillo, en Clarín, 30 de noviembre de 2014

Entrevista a Abelardo Castillo, en La Nación, 30 de mayo de 2014

Una amistad de literatura fantástica“, por Diego Erlan, en Revista Ñ, Clarín, 10 de febrero de 2014. [sobre la amistad entre Castillo y Cortázar]

Julio Cortázar 1914-2014, Cien años, mil motivos para leerlo. Alfaguara. Descargar aquí.

Criterios: Revista sobre literatura, artes, cultura y sociedad


revista Criterios-CubaLa revista cubana Criterios ha publicado desde su nacimiento en 1972 centenares de artículos sobre literatura, crítica literaria, artes, metodología de la investigación literaria y cultura de más de doscientos autores: Bajtín,Barilli, Bauman, Bourdieu, Bürger, Clifford, De Marinis, Dubois, Ďurišin, Eagleton, Eco, Even-Zohar, Fischer-Lichte, Flaker, Foster, Genette, Hutcheon, Huyssen, Jakobson, Kristeva, Lachmann, Markiewicz, Moles, Morawski, Popovič, Said, Tarasti, Tyniánov, Todorov, Tomaszewski, Sławiński,  Uspenski, Vattimo y Žižek, entre muchos otros.

En el contexto político y académico de Cuba, la revista Criterios se presenta como una publicación independiente de condicionamientos ideológicos: ha publicado, entre otros pensadores marginados por el socialismo, a Iuri Lotman en traducción directa del ruso.

Criterios también ha editado una colección de antologías que se puede consultar aquí.

Además de la calidad y variedad de los autores publicados, cabe destacar la inclusión de artículos de teóricos extranjeros traducidos al español por primera vez. Las traducciones de destacados teóricos extranjeros se ha convertido en la especificidad de la revista Criterios desde su primer número, en el que se publicaron las primeras traducciones al español de artículos del formalista ruso Tyniánov, los estructuralistas de la Escuela de Praga Mukařovský, Vodička y del neoestructuralista ruso Meletinski.

Según ha expresado el investigador y crítico cubano de literatura y arte Desiderio Navarro, quien además ha traducido al español muchos artículos publicados:

Criterios se ha caracterizado por una actividad divulgativa independiente de las coyunturas político-culturales nacionales y de las valoraciones oficiales sobre tendencias teóricas o autores en Cuba y en los respectivos países de origen; asimismo, no se ha vinculado de manera exclusiva a ninguna tendencia, escuela o moda teórica. Sus principales criterios han sido la representatividad informativa, la calidad científica y la posibilidad de un aprovechamiento crítico local. De ahí que en sus páginas, a lo largo de su accidentada y entrecortada historia —incluso durante lo que se ha llamado el período gris de la vida cultural cubana, cuando fue atacada hasta la «S» final de Criterios, o sea, la pluralidad de criterios ya inscrita en el nombre mismo de la revista—, hayan figurado autores de muy diversas orientaciones metodológcas y países —desde el marxismo «ortodoxo» y «heterodoxo» hasta el estructuralismo, la teoría de la recepción y el postestructuralismo post-moderno, desde los EUA y Canadá, pasando por Inglaterra, Francia y la RFA, hasta Israel, sin excluir a Lotman y la Escuela de Tartu, a Mukarovsky y el estructuralismo checo, a Glowinski y el neoestructuralismo polaco, a Flaker y la Escuela de Zagreb, autores entonces calificados de «diversionistas» y hasta «disidentes» por los círculos oficiales dogmáticos de la URSS y de sus respectivos países. Así pues, Criterios, tanto por su alcance disciplinario y geográfico-lingüístico como por su apertura a la pluralidad metodológica contemporánea, es la única publicación de su tipo en lengua española (y no tenemos noticia de otra semejante en todo el mundo occidental).

Fuente: “Criterios in medias res publica”, Texto de la conferencia leída el 28 de febrero del 2002, en la Casa de las Américas, en ocasión del 30 Aniversario de Criterios y del 80 aniversario del nacimiento de Iuri Lotman.

La lista de artículos de los 37 números de la revista se pueden consultar en línea  en este enlace. Algunos se pueden descargar en pdf, por ejemplo:

Bourdieu, P. “El campo de la cultura. Requisitos críticos y principios de método”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 20-42.

Bürger, P. “La verdad estética”, nº 31, enero-junio 1994, pp. 5-23.

Culler, J. “La crítica postestructuralista”, nº 21-24, enero-diciembre 1988, pp. 33-43.

Eco, U. “Perspectivas de una semiótica de las artes visuales”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 221-233.

Hamon, P. “Texto e ideología: para una poética de la norma”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 66-94.

Hutcheon, L. “La política de la parodia posmoderna”, edición especial de homenaje a Bajtín, julio 1993, pp. 187-203.

Leenhardt, J. “El «saber leer», o modalidades sociohistóricas de la lectura”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 54-65.

Lijachov, D. “Poética del tiempo artístico en la obra literaria”, nº 1, enero-marzo 1982, pp. 6-21.

Markiewicz, H. “La recepción y el receptor en las investigaciones literarias. Perspectivas y  dificultades”, nº 5-12, enero-diciembre 1984, pp. 3-19.

Markiewicz, H. “Sobre la tipicidad en la literatura”, Denken Pensée, Criterios, 1 junio 2014, pp. 1063-1106.

Piatigorski, A. “«El otro» y «lo propio» como conceptos de la filosofía literaria”, nº 32, julio-diciembre 1994, pp. 109-115.

Shavit, Z. “La noción de niñez y los textos para niños”, nº 29, enero-junio 1991, pp. 134-161.

Todorov, T. “El cruzamiento de las culturas”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 3-19.

Los viajes de Odiseo


La Odisea es la historia de las aventuras del héroe griego Odiseo, o Ulises, por el mar color vino. Finalizada la guerra de Troya, Odiseo emprende el regreso a Ítaca, su patria, pero elcamino no le será nada fácil. La ira del dios Poseidón le pondrá muchos obstáculos, nuestro héroe naufraga, va de un lugar a otro: la tierra de los Cicones, la isla de los lotófagos , la isla de los cíclopes, la isla de Circe, la isla de Calipso, etc. y así tarda diez años en regresar a Ítaca. Los periplos de este viaje por el mar Mediteráneo dibujan un ir y venir bastante caótico. Muchos investigadores han propuesto las ubicaciones actuales de ese recorrido. Aquí les dejo dos de ellos que, aclaro, están en inglés:

In the wake of Odysseus, el título se podría traducir como Tras la estela de Odiseo. Esta página del profesor Jonathan Burgess, de la Universidad de Toronto, propne diversas ubicaciones del viaje de Odiseo basándose en libros de viaje y en teorias académicas.

 

El viaje de Odiseo. Un mapa de ubicaciones de la Odisea de Homero es un mapa interactivo creado por Gisele Mounzer.

Viaje de Odiseo- Gisele Mounzer

 

Sobre la Odisea, también tienen en este blog:

Guía de lectura

Poema Ítaca de Kavafis

Odiseo y la fuerza de voluntad: propuesta pedagógica para trabajar la libertad de elección, la responsabilidad y la importancia de la fuerza de voluntad para enfrentar las dificultades de la vida.

Circe, de Julio Cortázar

Ítaca, de Kavafis


 

Ítaca

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrígones y a Cíclopes o al airado

Poseidón nunca temas:

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia la emoción

de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón

hallarás nunca

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien los pone ante ti.

Pide que tu camino sea largo,

que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer felizmente arribes

a bahías nunca vistas.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta,

mas no apresures el viaje,

mejor que se extienda largos años,

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.

Rico en saber y en vida como has vuelto

comprenderás ya que significan la Ítacas.

 

Konstantin Kavafis (1863-1933)

 

Breve análisis del poema:

Este poema,  inspirado en la Odisea de Homero, nos propone una interpretación metafórica del viaje.

El viaje es el recorrido de la vida. Esta metáfora de la vida como sendero, como camino, como viaje es un motivo universal. Recordemos, por ejemplo, los poemas Caminante no hay camino de Antonio Machado y El camino no elegido de Robert Frost.

Las Ítacas son las metas, los objetivos que nos proponemos en la vida. El sentido del poema de Kavafis es que el camino, el viaje, es más importante que la meta: llegar a la vejez con cuanto hayas ganado en el camino — experiencia y conocimiento— sin esperar que Ítaca te enriquezca. Cuando el poeta nos dice Ítaca te regaló un hermoso viaje, nos está mostrando que las metas que nos proponemos alcanzar nos permiten recorrer un camino, en el que vamos ganando experiencia, adquiriendo conocimientos y disfrutando al andar.

Es importante no apresurar el viaje porque es el viaje en sí mismo, y no la llegada a la meta, lo que nos dará satisfacción y experiencia. El poeta parece estar pidiéndonos que no quememos etapas, que disfrutemos cada paso, cada trayecto del camino.

En el viaje de la vida vamos a enfrentar Lestrigones y Cíclopes, metáfora de los miedos, monstruos internos que obstaculizan avanzar. Por eso, el poeta nos dice que nunca hallaremos tales monstruos si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien los pone ante ti. Los miedos, como el miedo a la incertidumbre, el miedo al cambio, el miedo a lo desconocido, suelen ser los principales obstáculos que debemos vencer.  Para derrotar a esos Lestrigones y Cíclopes lo mejor es mantener alto el pensamiento, es decir, mantenerse firme en nuestras decisiones, y limpia la emoción, es decir, desterrar emociones negativas.

Recordemos que el objetivo que guía y mantiene fuerte a Odiseo es regresar a su patria, a Ítaca, y reencontrarse con su familia. Odiseo nunca pierde de vista ese objetivo, lo lleva en su corazón y en su mente, en su espíritu y en su pensamiento.  La perseverancia y la fuerza de voluntad le permiten sobreponerse a los terribles obstáculos del camino. Odiseo regresa a Ítaca rico en saber y en vida: las experiencias, las aventuras vividas lo han enriquecido.

 

Ahora nos podemos preguntar cuál es el objetivo común de todos los seres humanos… ¿ser feliz?

Si la vida es un camino en búsqueda de la felicidad, entonces la felicidad está en el camino, en la búsqueda misma.

Viajar… la búsqueda de uno mismo

El viaje es una metáfora de la vida y también, para muchas personas, viajar es una forma de vida, una búsqueda de nuestro propio ser. Quien viaja, descubre el mundo, descubre otras personas, otras filosofías de vida, otras culturas, otros modos de entender la vida y el mundo. Y es en el contraste con nuestros propios valores, formas de pensar y de vivir, que uno va descubriéndose a sí mismo; vamos conociéndonos a medida que conocemos a los demás. Entre el turista y el viajero hay un abismo de diferencia: el turista va en viaje organizado y planificado, sabe qué se va a encontrar, se hospeda en hoteles –lugares neutro donde solo encontrará otros turistas– y recorre con la vista para capturar la foto que pruebe que estuvo allí. El viajero se aventura hacia lo desconocido, muchas veces sin rumbo fijo, dejando que la vida lo sorprenda, haciendo camino al andar. Al viajero n le interesa la foto sino la charla con los lugareños, el compartir experiencias, el abrir los oídos y el alma, disfrutar el momento. El viajero va ligero de equipaje, lo que va adquiriendo en el camino se lleva en el espíritu, no en una maleta. Para todos los viajeros con quienes comparto una filosofía de vida, acá dejo estos versos de Mario Benedetti:

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
[…]
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
 
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Categorías del análisis literario


Por Marina Menéndez

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Hoy les dejo algunos conceptos clave para tener en cuenta cuando leemos un texto literario narrativo: autor, narrador, sentido e interpretación, tiempo del relato y tiempo de la historia, trama y argumento, intriga y fábula, focalización, analexis y prolexis.

Para comenzar debemos distinguir entre autor, la persona real que escribe, y narrador, la voz que relata o habla en un texto literario. El narrador es un elemento más de la obra, es una construcción del autor y, por tanto, pertenece al universo de ficción. Es incorrecto decir que el narrador es quien/la persona que relata los hechos porque el narrador está dentro de la ficción literaria, no es una persona, y además no necesariamente se identifica con un personaje. Roland Barthes (1966) lo explica así: el autor (material) de un relato no puede confundirse para nada con el narrador de ese relato.

La teoría literaria nos ofrece conceptos e ideas que pueden funcionar como herramientas para abordar un texto. Por definición, todo texto tiene sentido. Además, cada lectura de un texto literario puede abrir un abanico de diversas interpretaciones, que variarán de acuerdo con factores tales como el propio individuo lector, las condiciones sociohistóricas de lectura, la influencia de otras obras, etc. Sentido e interpretación son los primeros conceptos que define Tzevan Todorov en su ensayo “Las categorías del relato literario” (1974).  El sentido o función de un elemento en el texto se construye a partir de su relación con los demás elementos de la obra y con la obra en su totalidad. Por tanto, el sentido siempre es correlación. Por ejemplo, cuando el narrador de “El ilustre amor”, cuento de Manuel Mujica Láinez, nos habla de la figura otoñal de mujer que nunca ha sido hermosa, ese elemento que al principio del cuento solo es una descripción del personaje cobra un sentido diferente hacia el final del relato, se vuelve contraste de la apreciación entre la belleza insulsa de las otras, destácase la madurez de Magdalena con quemante fulgor.

Otras nociones interesantes para abordar un texto narrativo son las de historia y relato. La historia es una sucesión de hechos en orden cronológico, a esta sucesión natural de acontecimientos también se la conoce como intriga (Segre, 1976) o como trama (Tomachevski, 1925). El relato o discurso es el modo en que el narrador nos presenta esa historia. La sucesión de hechos tal como está presentada en el relato también se conoce como fábula (Segre, 1976) o como argumento (Tomachevski, 1925). El tiempo del relato no siempre coincide con el tiempo de la historia ya que la narración suele romper con esa sucesión natural de los acontecimientos. Esto es lo que sucede cuando la narración introduce acontecimientos previos a aquel que constituye le punto de partida de la narración, a este procedimiento se lo denomina analexis y es lo que comúnmente conocemos por flashbacks. En el cuento “El hambre” de Mujica Láinez, Baitos recuerda escenas anteriores a la llegada a América.  También se rompe la sucesión temporal de los hechos cuando la narración anticipa hechos o introduce acontecimientos que han de ocurrir ulteriormente, estos últimos suelen ser introducidos en forma de sueños fatídicos o premoniciones.  A esto se lo conoce como prolexis. En el primer párrafo de “Axolotl” de Julio Cortázar, el narrador protagonista declara Ahora soy un axolotl, dato que probablemente pase inadvertido para el lector.

Todorov presenta tres deformaciones del orden cronológico de la historia: encadenamientos, alternancias e intercalaciones.  El encadenamiento “consiste simplemente en yuxtaponer diferentes historias: una vez termina la primera se comienza la segunda”, es el caso de La hojarasca de García Márquez y de Rosaura a las diez de Denevi. La alternancia consiste en contar dos historias simultáneamente, como en “La noche boca arriba” de Cortázar. La intercalación consiste en incluir una historia dentro de otra, el ejemplo paradigmático son las historias intercaladas en Don Quijote de la Mancha de Cervantes.

El modo en que están presentados los hechos no solo incluye el tiempo del relato sino también el modo en que el narrador percibe los acontecimientos. Podemos analizar y clasificar los tipos de narradores de acuerdo con varios criterios: la persona gramatical (primera, segunda o tercera), el punto de vista, es decir, lo que sabe o ignora (omnisciente, equisciente o deficiente), su expresión de apreciaciones subjetivas o no (intervencionista o neutral).

El narrador es una voz y también una visión porque esa voz va a narrar desde una (o varias) perspectivas, va a presentar la historia de una cierta manera de acuerdo con su focalización. Imaginemos que el narrador es como la lente de una cámara, lo que percibimos está condicionado por la selección, el modo y el orden en que la voz narradora nos presenta los hechos o datos. Cuando el narrador participa en la acción (es participante), puede hacerlo como protagonista o como simple testigo. En estos casos puede narrar en primera persona como protagonista (cuenta su propia historia) o testigo. Ejemplos de narrador protagonista en primera persona: No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir (“El gato negro” de E. A. Poe), Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir (“Dagón” de  H.P. Lovecraft), Me estaba vistiendo con la detención propia de los días festivos, cuando llamaron a la puerta de mi pieza (“Los vestigios de un crimen” de Vicente Rossi. Narrador testigo en primera persona: Dos días después de la Navidad, pasé a visitar a mi amigo Sherlock Holmes con la intención de transmitirle las felicitaciones propias de la época. Lo encontré… (El carbunclo azul de A. C. Doyle), me dispongo a dejar constancia sobre este pergamino de los hechos asombrosos y terribles que me fue dado presenciar en mi juventud, repitiendo verbatim cuanto vi y oí, y sin aventurar interpretación alguna, para dejar, en cierto modo, a los que vengan después (si es que antes no llega el Anticristo) signos de signos, sobre los que pueda ejercerse plegaria del desciframiento (El nombre de la rosa de U. Eco). En el cuento “Circe” de Julio Cortázar la voz del narrador en primera persona se cuela en el relato Yo me acuerdo mal de Delia, pero era fina y rubia, demasiado lenta en sus gestos (yo tenía doce años, el tiempo y las cosas son lentas entonces) y usaba vestidos claros con faldas de vuelo libre, y más adelante Yo me acuerdo mal de Mario, pero dicen que hacía linda pareja con Delia.

Los narradores en segunda persona son los menos comunes, en estos casos el narrador se habla a sí mismo o a otro personaje o al propio lector. Aura de Carlos Fuentes comienza Lees ese anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Un ejemplo interesante es el de la novela Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino, que comienza interpelando al lector así: Estás a punto de leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. Otro ejemplo es El amor propio de Juanito Osuna, de Miguel Delibes .

El narrador en tercera persona no participa de los hechos, no es personaje; por tanto, las formas de la primera persona del singular (yo, me, mi) nunca aparecerán en el texto. Por ejemplo: Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto (La metamorfosis de F. Kafka).

Además de la persona gramatical utilizada por la voz narradora, debemos tener en cuenta la perspectiva del narrador: omnisciente, equisciente o deficiente. El narrador omnisciente sabe y nos cuenta de los personajes más de lo que cualquiera de ellos sabe, nos informa sobre pensamientos, estados de ánimo y sentimientos de los personajes y suele adelantar lo que va a suceder. Esta focalización coincide generalmente con un narrador en tercera persona. El narrador equisciente dispone de la misma información que los personajes o que alguno de ellos, tiene una mirada parcial de los hechos. El narrador deficiente conoce solo una parte de la historia y no sabe lo que piensan o sienten los personajes; es común en estos casos que el lector pueda inferir hechos o relaciones que el narrador no sabe o no comprende. Es importante recordar que la perspectiva del narrador puede variar a lo largo del relato, es decir, la voz narradora puede adoptar sucesiva o alternadamente puntos de vista de varios personajes (como en Pedro Páramo de Juan Rulfo), alternar miradas omniscientes o deficientes, etc. También es posible que un texto narrativo tengo varias voces narradoras, en Pedro Páramo de Rulfo el narrador omnisciente neutral se suspende para dar paso a las voces de diversos personajes y estas voces, a su vez, suelen ser mediadoras de otras voces ajenas. Esta técnica que incluye varias voces narradoras permite crear una mirada estereoscópica de la historia.

Barthes, Roland y otros. ([1966] 1970) Análisis estructural del relato. Buenos Aires, Tiempo
Contemporáneo.

Tomachevski,  B.  ([1925] 1970) “Temática”, en Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Buenos Aires, Signos.

Todorov, T.(1974) Las categorías del relato literario

Segre, C. ([1976] 1985) Principios de análisis del texto literario. Barcelona, Crítica

Texto recomendado:

Villanueva, D. Glosario de narratología

 

Entrada relacionada: Definiciones de literatura

Definiciones de literatura


Por Marina Menéndez

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¿Qué o quién hace que un texto pueda entrar dentro de la categoría literatura? ¿Dónde reside la literariedad? ¿En el carácter ficccional? ¿En ciertas peculiaridades formales, como propusieron los formalistas rusos?  ¿En la intención que guía el acto de escritura? ¿En el acto de lectura? ¿En el valor que le asignan ciertas instituciones a determinados textos? Creo que ninguna de esas posibilidades es completamente desacertada.

La literatura nace cuando a alguien (podríamos decir Homero en la tradición occidental europea) toma un hecho histórico sin el imperativo de transmitir su verdad histórica. Mientras que en la vida cotidiana y en la ciencia, el lenguaje lleva implícita una presunción de verdad (ver la máxima de calidad de Grice), la liteartura es invención aunque incorpore hechos o personajes reales. Esta caracterísitca la absuelve del criterio de verdad/falsedad. En los textos realistas, el autor busca construir ambientes creíbles, que imiten la vida real, está creando la verosimilitud. Aquí tenemos la ficción.
En esa recreación de materiales y experiencias de la vida, el lenguaje se aleja de su objetivo referencial para volcarse a la creación de mundos, para construir discursivamente un universo que pueda ser vivido y revivido por el lector. Para esto, el lenguaje cotidiano, trillado, sedimentado resulta insuficiente; el lenguaje literario se dinamita, se condensa, se pliega sobre sí mismo, se desvía de lo estable y unívoco, se reinventa a través de juegos y figuras, mira la vida cotidiana desde perspectivas insospechadas; como consecuencia, el universo que emerge es extraño, requiere que la lectura se detenga, se concentre. Dentro de los tropos, la metáfora ha sido elevada a reina de la literatura y destronada por quienes arguyen que no es privativa de la literatura. Si bien es verdad que la vida cotidiana está repleta de metáforas (basta con leer Metáforas de la vida cotidiana de Lakoff y Johnson) y quizás todo nuestra configuración conceptual sea metafórica, debemos distinguir, siguiendo a Ricoeur, entre las metáforas muertas (aquellas que ni siquiera se perciben como tal, como “pata de la mesa”, “tomar una decisión”, “el ojo de la tormenta”, es decir, las metáforas lexicalizadas y las tradicionales) y las metáforas vivas, aquella que develan nuevas afinidades, que sorprenden, que instauran una nueva realidad. Cuando Cortázar nos dice que “diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes”, el acto trivial y cotidiano de leer se nos aparece con nueva luz, bajo otra dimensión. Aquí tenemos la ostranenie (extrañamiento) de la que habló Schlovski, representante -junto a Eichenbaum, Jakobson, Sklovski, Tomachevski y Tinianov entre otros- de la Escuela de Praga, grupo de teóricos que se ocupó del aspecto formal (especialmente, en la poesía) y abrieron el camino hacia la teoría de la literatura como disciplina autónoma.
¿Un texto nace o se hace literario? La mayoría de los textos literarios fueron concebidos y gestados como literatura, pero no todos. Muchos fueron envestidos de carácter literario por sus lectores o por instituciones consagratorias y pasaron a formar parte del canon literario. Por ejemplo, el poema conocido como La Argentina (Lisboa, 1602) de Martín del Barco Centenera fue escrito como ‘historia’ veraz aunque hoy integre el canon de la literatura argentina. Las crónicas de Indias, que se pueden leer como literatura aunque su componente histórico y etnográfico sea ineludible, fueron fuente de inspiración para obras literarias como el cuento “El hambre” de Mujica Láinez y la novela El entenado de Juan José Saer.  La intertextualidad nos muestra el diálogo diacrónico entre textos y nos permite comprender que no hay fronteras definidas entre la literatura y otros ámbitos del conocimiento humano. Para reflexionar sobre qué es literatura, les dejo una escena de la película La sonrisa de la Mona Lisa en la que la profesora instala un debate urticante, un interrogante que sus alumnas no se habían planteado: ¿Esto es arte?

Finalmente, no quiero dejar de mencionar que la literatura es un universo privado, poblado de voces, caminos furtivos, delicias al alcance de la mirada, territorios de arduo recorrido o placentera estancia, una cosmogonía que se expande y enriquece a medida que hacemos nuestro un nuevo texto. Seguramente, a muchos de ustedes les sucedió como a mí descubrir o redescubrir un texto en un momento preciso de la vida y sentir que estaba escrito para nosotros, para ayudarnos a atravesar ciertas experiencias o desafíos. En el capítulo “El canto de Ulises”, de Si esto es un hombre(1947), Primo Levi recuerda cómo le recitaba pasajes de la Divina Comedia a su joven amigo Jean Samuel, a quien él llamaba Piccolo, en los campos de concentración de Auschwitzch. Sumergidos en el infierno nazi, sus almas se elevaban gracias a la literatura que les recordaba su humanidad. Hace unos años, Samuel escribió junto a Jean-Marc Dreyfus la obra Il m’appelait Pikolo en agradecimiento a quien le descubriera la voz de Dante.

 

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