Texto para debatir el tema de la libertad


Muchas obras literarias abordan el tema de la libertad, de elección y de acción, y la responsabilidad que implica tomar decisiones.

La Odisea, el Quijote y La vida es sueño son solo tres ejemplos de obras literarias que abren el diálogo y el debate sobre la libertad. Hoy les dejo un texto que reflexiona sobre la libertad, la responsabilidad y la educación: “La mariposa azul” de Miguel Ángel Santos Guerra, incluido en La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula (Homo Sapiens ediciones, 2006).

mariposa-azul

La mariposa azul

Hay quien se empeña en endosar la raíz de todos sus males a fuerzas externas, a diversos agentes que no puede controlar, a instancias exógenas completamente ajenas a su influencia. Todo lo que les sucede tiene su origen en otras personas, en acontecimientos o circunstancias incontrolables.
Al parecer nada de lo que les pasa depende de su voluntad y nada es fruto de su exclusiva responsabilidad. El origen de sus carencias, limitaciones, defectos y problemas está en los dioses, en los políticos, en los profesores, en los padres, en los jefes o en el azar en general.
De esta sencilla manera evitan cualquier responsabilidad y dejan hecho trizas el concepto de libertad. El determinismo biológico, sociológico o psicológico explican cuál es la verdadera causa de la situación que atraviesan.
El miedo a la libertad (rememoro aquí el famoso libro de Erich Fromm) nos hace esclavos de nosotros mismos. Tenemos no sólo el derecho sino el deber de hacernos personas libres. Decía Max Stirner: “La libertad no puede ser concedida, tiene que ser conquistada”.
La libertad lleva aparejado el concepto de responsabilidad. Somos responsables porque somos libres. “Libertad significa responsabilidad dice Bernard Shaw por eso le tienen tanto miedo la mayoría de las personas”.
Hay condicionamientos e influencias, claro está. Pero somos responsables de nuestros actos. Por eso me sorprende esa miserable reacción que consiste en echar las culpas a los demás, a los jefes, a los acontecimientos o a los imponderables, esa irresponsable actitud de lavarse las manos ante hechos claramente imputables, y ese empeño tramposo de atribuirse los éxitos y de sacudirse los fracasos.
Los terroristas echan la culpa de sus crímenes al Estado opresor, los políticos en el poder a los que les precedieron en el gobierno, los delincuentes a las pésimas condiciones del contexto social, los profesores a los alumnos por ser torpes y perezosos, los padres a la negligencia de los profesores… ¿Nadie es responsable de nada? Al parecer no. Porque los terroristas siguen matando. Los políticos que cometen gravísimos errores no toman la decisión de abandonar sus puestos, los médicos que se equivocan son protegidos por una actitud gremialista de los colegas…
Muchos seres humanos buscamos excusas donde no debería haber más que conciencia de la irresponsabilidad cuando se han hecho las cosas mal.
– Es que…
– Es que…
– Es que..
Lo que sigue a esta expresión suelen ser excusas y disculpas, cuando no falsedades y mentiras. En definitiva, el rechazo de la responsabilidad.

Me envía una amiga la siguiente historia, de autor anónimo, que quiero compartir con el lector para avivar estas reflexiones sobre la responsabilidad y la libertad. Sobre los diversos determinismos que, a veces, nos atan al enajenamiento.
Había un viudo que vivía con sus dos hijas, curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. Él sabía responder algunas, otras no.
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a las preguntas sin la menor vacilación.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder.
Una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que utilizaría para engañar al sabio.
– ¿Qué vas a hacer?, preguntó la hermana.
– Voy a esconder la mariposa en mis manos y voy a preguntar al sabio si está viva o muerta. Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, será una respuesta equivocada.
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
– Tengo aquí una mariposa azul, dijo una de las hermanas. Dígame, ¿está viva o está muerta?
Con mucha calma, el sabio sonrió y respondió:
– La respuesta está en tus manos.
Así es nuestra vida. La tenemos en nuestras manos. Depende de nosotros mismos el hacerla respetable o indecente. Muchas veces la hacemos depender del pensamiento de otros, de las actitudes de los otros, de las decisiones de los otros, de las condiciones que nos rodean. El determinismo nos entrega al conformismo, al desaliento y a la irresponsabilidad.
El destino reparte las cartas. Y nosotros las jugamos. Depende, pues, de nosotros. Como dice José Antonio Marina: el estado del mar y la racha de los vientos no dependen de nosotros, pero sí el manejo del barco.
La mariposa azul de la vida está en nuestras manos. Podemos dejarla volar o aplastarla hasta la asfixia. Decir que el frío nos hizo apretar las manos o que el calor nos hizo separarlas son excusas inaceptables. Decía Forester que “la verdadera educación, antes que nada, debe comunicar el sentimiento de la responsabilidad personal”. Por eso, el colmo de la irresponsabilidad es que los padres respalden a sus hijos cuando han tenido comportamientos indeseables y han sido justamente reprendidos por sus educadores. No asumir responsabilidades es un signo evidente de inmadurez. Y no exigirlas es una señal muy clara de la inconsistencia del sistema educativo y de la misma democracia.

Tomado de La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula, de Miguel Angel Santos Guerra, Rosario: Homo Sapiens ediciones, 2006

La mariposa azul


Si buscan un texto para trabajar en clase el tema de la libertad y la responsabilidad, les sugiero esta historia de autor anónimo:

 La mariposa azul

Había un señor viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre le cuestionaban todo, hacían muchas preguntas a las que el padre a veces sabía responder, pero en ocasiones no se sentía con la sabiduría suficiente como para aclarar las dudas que ellas manifestaban. Como pretendía brindarles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio siempre respondía todas las preguntas sin siquiera dudar. Impacientes con el maestro, las jóvenes decidieron inventar una pregunta que él no pudiera responder correctamente.
Entonces, una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que usaría para engañar al sabio.
-¿Qué vas a hacer? –preguntó la hermana. –Voy a esconder la mariposa en mis manos y le voy a preguntar si está viva o muerta. Si él dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la mataré. Así, cualquiera que sea su respuesta, ésta será equivocada.
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio que estaba meditando.
-Tengo aquí una mariposa azul, dígame, sabio, ¿está viva o muerta?. Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: -Depende de ti…ella está en tus manos…

mariposa azulEsta breve historia está incluida en el libro La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en clase, de Miguel Ángel Santos Guerra (Homo Sapiens, 2006). Es una obra que recomiendo para abordar el discurso argumentativo en la escuela secundaria, cada texto del libro plantea a partir de una fábula temas como los valores, la educación, la ética, la convivencia en sociedad, la libertad, la responsabilidad. Textos para reflexionar, enseñar y divertirse. El autor, Santos Guerra, es experto en educación y tiene su propio blog El Adarve en La Opinión de Málaga. Les dejo para reflexionar un fragmento de su última entrada:


“No debería ser necesario recordar que ser docente hoy es una tarea importante para las personas y para la sociedad. La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe, dice Herbert Vells. No debería ser necesario decir que la tarea docente es difícil. Porque hay alumnos que no quieren aprender, porque cada alumno es diferente y porque los docentes tienen competidores muy poderosos que ofrecen propuestas seductoras a niños y jóvenes. No debería ser necesario decir que, en la era digital, la enseñanza es compleja porque el conocimiento se fragmenta, se multiplica y llega a los alumnos adulterado por intereses comerciales, políticos y religiosos. No debería ser necesario recordar que la docencia es hoy una tarea paradójica porque los alumnos reciben muchos mensajes que les muestran que más importante que el conocimiento que se adquiere en las escuelas son el dinero, la fama y el poder.” Fragmento del blog El Adarve, de Miguel Ángel Santos Guerra.