Y eso… ¿cómo se come?


imagen de tapa de libro de Paenza

“Ciencia que ladra…”  es una colección de libros de divulgación científica dirigida por Diego Golombek y publicada por la editorial Siglo XXI.  La colección consta de dos series: la clásica y la mayor. La Serie Mayor presenta:

textos más extensos donde es posible desarrollar temas en mayor profundidad y ofrecer traducciones de obras de autores extranjeros. Con la misma premisa que la colección, dirigida por Diego Golombek, la Serie Mayor también ladra pero no muerde, ¡sólo que ladra más fuerte!

Mientras que la Serie Clásica:

está escrita por científicos que creen que ya es hora de asomar la cabeza por fuera del laboratorio y contar las maravillas, grandezas y miserias de la profesión. porque de eso se trata: de contar, de compartir un saber que, si sigue encerrado puede volverse inútil. Ciencia que ladra… no muerde, sólo da señales de que cabalga.

Escrita por científicos que nos explican claramente y sin tecnicismo académicos esas cosas raras que nunca hemos entendido qué son o por qué suceden, la colección abarca temas de las llamadas ciencias exactas y de las ciencias humanas y sociales: arqueología, arte, astronomía, biología, física, geología, matemáticas (creo que los libros de Adrián Paenza, que ya llevan 22 ediciones, lograron que muchos finalmente comprendiéramos algo de los números), medicina… Tres de los libros de la Serie Clásica de la colección Ciencia que ladra se encuentran en la lista de los diez más vendidos de Siglo XXI Editores: Los remedios de la abuela. Mitos y verdades de la medicina casera (2011) de Valeria Edelsztien, El azar en la vida cotidiana (2012) de  Alberto Rojo y Modelo para armar. La evolución humana paso a paso (y parte a parte) (2012) de Martín Cagliani.

Fuente de la imagen: Siglo XXI Editores

Las ediciones son muy cuidadas, es decir, los libros están muy bien escritos (e intuyo que revisados y corregidos por profesionales que han asegurado la excelente calidad), los títulos son creativos (despliegan juegos intertextuales con frases y obras conocidas), los recursos paratextuales están bien utilizados y los diseños de portada están muy buenos. He utilizado varios de los libros como modelos de textos explicativos en las clases de lengua (en una entrada de este blog “El amor en términos biológicos” van a encontrar un fragmento de Sexo, drogas y biología (y un poco de rock and roll) (2006) de Diego Golombek. Cuando enseño a escribir textos académicos, siempre recomiendo Demoliendo papers: la trastienda de las publicaciones científicas(2009), compilado por Diego Golombek.

Fuente de la imagen: Siglo XXI Editores

¿Mi favorito de la colección? Confieso que no los he leído todos (aunque muchos están en mi lista de lecturas futuras). El que más me ha gustado es el primero de la colección: El cocinero científico. Cuando la ciencia se mete en la cocina. Apuntes de alquimia culinaria (2004) de Diego Golombek y Pablo Schwarzbaum. Un placer gastrónomico leer las explicaciones de los milagros y secretos químicos que suceden en la cocina. Este delicioso libro tiene una nueva edición revisada y ampliada que incluye un prólogo del famoso chef Ferrán Adriá.  El título de esta entrada Y eso… ¿cómo se come? no tiene que ver con lo culinario sino que es una referencia a la expresión que utilizamos los argentinos cuando nos intentan explicar algo que no entendemos.

El año pasado Ciencia que ladra y La Nación organizaron el primer concurso internacional para seleccionar obras de divulgación científica. El libro ganador fue Científicas: cocinan, limpian y ganan el premio nobel (y nadie se entera) de Valeria Edelzstein [comentario off-topic: ignoro los motivos de la decisión editorial de escribir con minúscula inicial el título del libro, el nombre de la autora y el nombre del sueco Nobel… ¿homenaje a e.e. cumming?]. El título de la obra ganadora es la traducción del titular en inglés con que la revista Family Health anunció en 1977 que  Rosalyn Yalow había ganado el Premio Nobel de Medicina. La primera mención del concurso le correspondió a Ciencia en el aire. Presión, calentamiento, lluvias, vientos, rayos ¡y centellas! en la atmósfera terrestre  de Diego Manuel Ruiz, quien nos explica, entre otros fenómenos atmosféricos, por qué el cielo es…  parece azul (como ya nos enseñó Bartolomé de Argensola ¿o su hermano Lupercio?, «ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul»).

Fuente de la imagen: Siglo XXI Editores

En el 2013 habrá nuevos ganadores ya que se abrió la convocatoria para la segunda edición del Premio Internacional de Divulgación Científica Ciencia que ladra-La Nación.  Hay tiempo hasta el 8 de marzo de 2013 para presentar los trabajos.

Ciencia que ladra también tiene su página de fans en Facebook

“El amor en términos biológicos”


El amor en términos biológicos
Extraído de Sexo, drogas y biología (y un poco de rock and roll) por Diego Golombek. Ed Siglo XXI

(Si hacen click en las palabras destacadas, van a encontrar las definiciones)

Las manifestaciones afectivas o emociones, entre las que están el amor, la alegría, la ira o el miedo, tienen un componente psicológico y otro físico expresado a través de cambios somáticos y viscerales (…) Exagerando se podría decir que el amor no es más que un aumento en la frecuencia cardíaca, algo de sudoración, un enrojecimiento de las mejillas y la activación de ciertos centros del cerebro.
Se conocen ciertas señales químicas que saltan de alegría cuando nos enamoramos. Las primeras sensaciones amorosas parecen venir acompañadas de un aumento en los niveles del neurotransmisor dopamina (que está involucrado en los mecanismos del placer) y una disminución en los de serotonina. Algo similar a lo que ocurre con ciertas adicciones; tal vez los que consideren el amor como una adicción no estén tan lejos de la verdad.
Claro que el amor no es una simple explosión de hormonas y una buena conexión de neurotransmisores, esas sustancias que logran que las hormonas se comuniquen entre sí armoniosamente. Es mucho más que eso. Si así no fuera, se acabaría pronto el negocio de las canciones de amor, la novela rosa y la industria de las comedias románticas
Pero resulta interesante detenerse en algunas conclusiones de la neurobiología. Para esa disciplina, uno de los mecanismos involucrados en este sentimiento es el conocido sistema de recompensa. El mismo de algunas adicciones. Eso tal vez explique por qué enamorarse es, de alguna manera, inevitable.
La elección de pareja no es un hecho tan azaroso o casual como solemos pensar: hay señales muy concretas y biológicas que indican que estamos en presencia de la media naranja adecuada para nuestros genes y nuestros sistemas inmunes. Aunque no sea muy adecuado en público, el olor tiene mucho que ver en esta elección, ya que nos permite distinguir –conscientemente o no- algunas características muy íntimas de la eventual pareja, para saber si realmente vale la pena el esfuerzo de decirse cosas lindas, ir a buscarse al trabajo o a la salida del colegio, regalarse flores o anillos y, finalmente, compartir información genética.
Para que haya atracción tiene que haber buena química, literalmente.

Actividad:

1. Señalar con corchetes ejemplos de las siguientes estrategias explicativas: Adecuación del léxico (A), Comparación (C) y Reformulación (R).
2. ¿El enamoramiento es algo que se puede planificar? Justificar
3. ¿Por qué el corazón es un símbolo del amor?
4. Explicar la metáfora: “compartir información genética”.
5. ¿Qué son los neurotransmisores?
6. ¿Qué significa “eventual”? (subrayada)
7. Golombek opina que el enamoramiento es sólo una reacción química. ¿Verdadero o falso? Justificar
8. Extraer cinco palabras clave y escribir con ellas un resumen.

Diego Golombek conduce un programa Proyecto G sobre la ciencia de la vida cotidiana. Podés seguirlo en Canal Encuentro de lunes a viernes a las 19 hs. o podés ver o descargar los capítulos en este enlace.

Ver video sobre los neurotransmisores: