Textos propios

Cuando tenía que leer para estudiar en la escuela secundaria, generalmente marcaba el texto (subrayaba, encerraba palabras en círculos, resaltaba con colores, hacía anotaciones al margen) y, a veces, escribía un resumen. Durante los cinco años de secundario, un solo profesor (si mal no recuerdo) nos pidió que escribiéramos una reflexión sobre lo que habíamos leído y comentado en clase. Cuando ingresé en la carrera de Letras en la UNLP, descubrí con asombro (y cierto espanto) que los profesores no se conformaban con que pudiéramos reproducir las ideas y teorías de diversos autores: teníamos que elaborar nuestras propias ideas, ser lectores críticos, relacionar, cuestionar, repensar conceptos, detectar secretas afinidades o confrontaciones ideológicas entre autores,  comparar posturas, argumentar, justificar, refutar, demostrar, ¡opinar! Y también escribir. Escribir textos académicos. Irónicamente, mi primera monografía fue sobre el cuento “Funes el memorioso” de Borges. Hoy la releo y veo las primeras huellas -tambaleantes, indecisas- de un largo camino por la escritura que aun transito. La escritura es un proceso que nunca está acabado, perfeccionado, superado; es una habilidad que vamos conquistando palmo a palmo en la práctica. Aunque hay muchos investigadores (Paula Carlino es referencia obligada) y muchos docentes que están abriendo camino en la enseñanza de la escritura, esta es aun una tarea pendiente en el currículum de los niveles secundario, terciario y  universitario. Intuyo que la escritura no es una práctica habitual en la mayoría de los docentes, ni siquiera en los de lengua y literatura. ¿Falta de tiempo? Sí, absolutamente de acuerdo. Sin embargo, dedicarle diez o quince minutos diarios a la escritura (de reflexiones sobre la propia práctica aúlica, situaciones que se han presentado ese día, inquietudes que han surgido, debates que se han generado entre o con los alumnos, etc.) no es gran inversión aunque sí una gran capitalización. Sé que hay muchos profesores que desde el anonimato, desde la intimidad de su tarea en el aula, desde el esmero y la vocación dedican parte de su tiempo a la difícil tarea de aprender y de enseñar a escribir… o elaborar y comunicar nuestras ideas, que es lo mismo.

Bajo el título Textos propios, encontrarán algunas reflexiones personales germinadas de la lectura y de la experiencia cotidiana. ¡Agraceceré sus críticas y comentarios!

El portfolio en la evaluación de la lectura y la escritura.

Sobre los textos académicos.

Escribir

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