Criterios: Revista sobre literatura, artes, cultura y sociedad


revista Criterios-CubaLa revista cubana Criterios ha publicado desde su nacimiento en 1972 centenares de artículos sobre literatura, crítica literaria, artes, metodología de la investigación literaria y cultura de más de doscientos autores: Bajtín,Barilli, Bauman, Bourdieu, Bürger, Clifford, De Marinis, Dubois, Ďurišin, Eagleton, Eco, Even-Zohar, Fischer-Lichte, Flaker, Foster, Genette, Hutcheon, Huyssen, Jakobson, Kristeva, Lachmann, Markiewicz, Moles, Morawski, Popovič, Said, Tarasti, Tyniánov, Todorov, Tomaszewski, Sławiński,  Uspenski, Vattimo y Žižek, entre muchos otros.

En el contexto político y académico de Cuba, la revista Criterios se presenta como una publicación independiente de condicionamientos ideológicos: ha publicado, entre otros pensadores marginados por el socialismo, a Iuri Lotman en traducción directa del ruso.

Criterios también ha editado una colección de antologías que se puede consultar aquí.

Además de la calidad y variedad de los autores publicados, cabe destacar la inclusión de artículos de teóricos extranjeros traducidos al español por primera vez. Las traducciones de destacados teóricos extranjeros se ha convertido en la especificidad de la revista Criterios desde su primer número, en el que se publicaron las primeras traducciones al español de artículos del formalista ruso Tyniánov, los estructuralistas de la Escuela de Praga Mukařovský, Vodička y del neoestructuralista ruso Meletinski.

Según ha expresado el investigador y crítico cubano de literatura y arte Desiderio Navarro, quien además ha traducido al español muchos artículos publicados:

Criterios se ha caracterizado por una actividad divulgativa independiente de las coyunturas político-culturales nacionales y de las valoraciones oficiales sobre tendencias teóricas o autores en Cuba y en los respectivos países de origen; asimismo, no se ha vinculado de manera exclusiva a ninguna tendencia, escuela o moda teórica. Sus principales criterios han sido la representatividad informativa, la calidad científica y la posibilidad de un aprovechamiento crítico local. De ahí que en sus páginas, a lo largo de su accidentada y entrecortada historia —incluso durante lo que se ha llamado el período gris de la vida cultural cubana, cuando fue atacada hasta la «S» final de Criterios, o sea, la pluralidad de criterios ya inscrita en el nombre mismo de la revista—, hayan figurado autores de muy diversas orientaciones metodológcas y países —desde el marxismo «ortodoxo» y «heterodoxo» hasta el estructuralismo, la teoría de la recepción y el postestructuralismo post-moderno, desde los EUA y Canadá, pasando por Inglaterra, Francia y la RFA, hasta Israel, sin excluir a Lotman y la Escuela de Tartu, a Mukarovsky y el estructuralismo checo, a Glowinski y el neoestructuralismo polaco, a Flaker y la Escuela de Zagreb, autores entonces calificados de «diversionistas» y hasta «disidentes» por los círculos oficiales dogmáticos de la URSS y de sus respectivos países. Así pues, Criterios, tanto por su alcance disciplinario y geográfico-lingüístico como por su apertura a la pluralidad metodológica contemporánea, es la única publicación de su tipo en lengua española (y no tenemos noticia de otra semejante en todo el mundo occidental).

Fuente: “Criterios in medias res publica”, Texto de la conferencia leída el 28 de febrero del 2002, en la Casa de las Américas, en ocasión del 30 Aniversario de Criterios y del 80 aniversario del nacimiento de Iuri Lotman.

La lista de artículos de los 37 números de la revista se pueden consultar en línea  en este enlace. Algunos se pueden descargar en pdf, por ejemplo:

Bourdieu, P. “El campo de la cultura. Requisitos críticos y principios de método”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 20-42.

Bürger, P. “La verdad estética”, nº 31, enero-junio 1994, pp. 5-23.

Culler, J. “La crítica postestructuralista”, nº 21-24, enero-diciembre 1988, pp. 33-43.

Eco, U. “Perspectivas de una semiótica de las artes visuales”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 221-233.

Hamon, P. “Texto e ideología: para una poética de la norma”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 66-94.

Hutcheon, L. “La política de la parodia posmoderna”, edición especial de homenaje a Bajtín, julio 1993, pp. 187-203.

Leenhardt, J. “El «saber leer», o modalidades sociohistóricas de la lectura”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 54-65.

Lijachov, D. “Poética del tiempo artístico en la obra literaria”, nº 1, enero-marzo 1982, pp. 6-21.

Markiewicz, H. “La recepción y el receptor en las investigaciones literarias. Perspectivas y  dificultades”, nº 5-12, enero-diciembre 1984, pp. 3-19.

Markiewicz, H. “Sobre la tipicidad en la literatura”, Denken Pensée, Criterios, 1 junio 2014, pp. 1063-1106.

Piatigorski, A. “«El otro» y «lo propio» como conceptos de la filosofía literaria”, nº 32, julio-diciembre 1994, pp. 109-115.

Shavit, Z. “La noción de niñez y los textos para niños”, nº 29, enero-junio 1991, pp. 134-161.

Todorov, T. “El cruzamiento de las culturas”, nº 25-28, enero-diciembre 1990, pp. 3-19.

Cortázar sobre el amor


Julio Cortazar

A cien años de su nacimiento, el boom cortazariano se dejó ver en los medios, las redes sociales, las actividades culturales. Julio Cortázar vive en cada una de sus obras, en cada uno de sus lectores; como diría Foucault: la escritura redime de la muerte. Les dejo algunas frases sobre el amor que aparecen en Rayuela:

 

« Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado».

«No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo».

«Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad».

«Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra… »

«Oh mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás».

«Amor, ceremonia ontologizante, dadora de ser».

«—Amor, sexualidad. ¿Hablamos de lo mismo?

Sí dijo la Maga—. Si hablamos de amor hablamos de sexualidad. Al revés

ya no tanto.»

«… reinventar el amor como la sola manera de entrar alguna vez en su kibbutz».

«Alguna vez había creído en el amor como enriquecimiento, exaltación de las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incómodo»

«… todo nace de nuevo siendo inmortal, el amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora…».

«Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto».

 

Los viajes de Odiseo


La Odisea es la historia de las aventuras del héroe griego Odiseo, o Ulises, por el mar color vino. Finalizada la guerra de Troya, Odiseo emprende el regreso a Ítaca, su patria, pero elcamino no le será nada fácil. La ira del dios Poseidón le pondrá muchos obstáculos, nuestro héroe naufraga, va de un lugar a otro: la tierra de los Cicones, la isla de los lotófagos , la isla de los cíclopes, la isla de Circe, la isla de Calipso, etc. y así tarda diez años en regresar a Ítaca. Los periplos de este viaje por el mar Mediteráneo dibujan un ir y venir bastante caótico. Muchos investigadores han propuesto las ubicaciones actuales de ese recorrido. Aquí les dejo dos de ellos que, aclaro, están en inglés:

In the wake of Odysseus, el título se podría traducir como Tras la estela de Odiseo. Esta página del profesor Jonathan Burgess, de la Universidad de Toronto, propne diversas ubicaciones del viaje de Odiseo basándose en libros de viaje y en teorias académicas.

 

El viaje de Odiseo. Un mapa de ubicaciones de la Odisea de Homero es un mapa interactivo creado por Gisele Mounzer.

Viaje de Odiseo- Gisele Mounzer

 

Sobre la Odisea, también tienen en este blog:

Guía de lectura

Poema Ítaca de Kavafis

Odiseo y la fuerza de voluntad: propuesta pedagógica para trabajar la libertad de elección, la responsabilidad y la importancia de la fuerza de voluntad para enfrentar las dificultades de la vida.

Circe, de Julio Cortázar

Cuentos de Horacio Quiroga


Hay cuentos de Horacio Quiroga que tienen el poder de resistir el olvido. ¿Quién no recuerda este comienzo?

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia.

¿o este final?

Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

Aquí les dejo dos libros del escritor nacido en Uruguay para descargar

Quiroga-Cuentos de amor de locura y de muerte

Quiroga-Cuentos de la selva

Cuentos de fútbol


Literatura y fútbol: pasión de multitudes

El fútbol es tema de varios textos literarios. Aquí una lista de algunos de ellos: pelota futbol

  • Once cuentos de fútbol, de Camilo José Cela
  • El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano
  • Puro fútbol, de Roberto Fontanarrosa. El cuento “La barrera” se puede leer online.
  • Arqueros, ilusionistas y goleadores,  de Osvaldo Soriano, 2010. “El penal más largo del mundo” es uno de sus mejores cuentos.
  • Puntero izquierdo” de Mario Benedetti
  • “El hombre que murió dos veces”, de Juan Villoro [sobre el arquero Moacyr Barbosa]
  • “El hincha”, de Mempo Giardinelli
  • “Apuntes del fútbol en Flores”, de Alejandro Dolina

 

Las mujeres también han dejado su impronta en la literatura del fútbol. “La música de los domingos” de Liliana Heker. “Milagro en Parque Chas” de Inés Fernández Moreno  y “El mundo es de los inocentes” de Luisa Valenzuela nos muestran la percepción femenina

 

Antologías de cuentos de fútbol:

Cuentos de fútbol, 2006. ed. Mondadori

Cuentos de fútbol argentino, 2003, selección y prólogo de Roberto Fontanarrosa, editorial Alfaguara

Reglas de juego. Cuentos latinoamericanos de fútbol, 2007, Monte Ávila editores.

Y el fútbol contó un cuento, 2007, selección y prólogo de Alejandro Apo, editorial Alfaguara. Pueden leer las primeras páginas del libro haciendo click aquí.

De puntín. Cuentos de fútbol, 2003,  Ediciones Al Arco

 

 

Ítaca, de Kavafis


 

Ítaca

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrígones y a Cíclopes o al airado

Poseidón nunca temas:

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia la emoción

de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón

hallarás nunca

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien los pone ante ti.

Pide que tu camino sea largo,

que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer felizmente arribes

a bahías nunca vistas.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta,

mas no apresures el viaje,

mejor que se extienda largos años,

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.

Rico en saber y en vida como has vuelto

comprenderás ya que significan la Ítacas.

 

Konstantin Kavafis (1863-1933)

 

Breve análisis del poema:

Este poema,  inspirado en la Odisea de Homero, nos propone una interpretación metafórica del viaje.

El viaje es el recorrido de la vida. Esta metáfora de la vida como sendero, como camino, como viaje es un motivo universal. Recordemos, por ejemplo, los poemas Caminante no hay camino de Antonio Machado y El camino no elegido de Robert Frost.

Las Ítacas son las metas, los objetivos que nos proponemos en la vida. El sentido del poema de Kavafis es que el camino, el viaje, es más importante que la meta: llegar a la vejez con cuanto hayas ganado en el camino — experiencia y conocimiento— sin esperar que Ítaca te enriquezca. Cuando el poeta nos dice Ítaca te regaló un hermoso viaje, nos está mostrando que las metas que nos proponemos alcanzar nos permiten recorrer un camino, en el que vamos ganando experiencia, adquiriendo conocimientos y disfrutando al andar.

Es importante no apresurar el viaje porque es el viaje en sí mismo, y no la llegada a la meta, lo que nos dará satisfacción y experiencia. El poeta parece estar pidiéndonos que no quememos etapas, que disfrutemos cada paso, cada trayecto del camino.

En el viaje de la vida vamos a enfrentar Lestrigones y Cíclopes, metáfora de los miedos, monstruos internos que obstaculizan avanzar. Por eso, el poeta nos dice que nunca hallaremos tales monstruos si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien los pone ante ti. Los miedos, como el miedo a la incertidumbre, el miedo al cambio, el miedo a lo desconocido, suelen ser los principales obstáculos que debemos vencer.  Para derrotar a esos Lestrigones y Cíclopes lo mejor es mantener alto el pensamiento, es decir, mantenerse firme en nuestras decisiones, y limpia la emoción, es decir, desterrar emociones negativas.

Recordemos que el objetivo que guía y mantiene fuerte a Odiseo es regresar a su patria, a Ítaca, y reencontrarse con su familia. Odiseo nunca pierde de vista ese objetivo, lo lleva en su corazón y en su mente, en su espíritu y en su pensamiento.  La perseverancia y la fuerza de voluntad le permiten sobreponerse a los terribles obstáculos del camino. Odiseo regresa a Ítaca rico en saber y en vida: las experiencias, las aventuras vividas lo han enriquecido.

 

Ahora nos podemos preguntar cuál es el objetivo común de todos los seres humanos… ¿ser feliz?

Si la vida es un camino en búsqueda de la felicidad, entonces la felicidad está en el camino, en la búsqueda misma.

Viajar… la búsqueda de uno mismo

El viaje es una metáfora de la vida y también, para muchas personas, viajar es una forma de vida, una búsqueda de nuestro propio ser. Quien viaja, descubre el mundo, descubre otras personas, otras filosofías de vida, otras culturas, otros modos de entender la vida y el mundo. Y es en el contraste con nuestros propios valores, formas de pensar y de vivir, que uno va descubriéndose a sí mismo; vamos conociéndonos a medida que conocemos a los demás. Entre el turista y el viajero hay un abismo de diferencia: el turista va en viaje organizado y planificado, sabe qué se va a encontrar, se hospeda en hoteles –lugares neutro donde solo encontrará otros turistas– y recorre con la vista para capturar la foto que pruebe que estuvo allí. El viajero se aventura hacia lo desconocido, muchas veces sin rumbo fijo, dejando que la vida lo sorprenda, haciendo camino al andar. Al viajero n le interesa la foto sino la charla con los lugareños, el compartir experiencias, el abrir los oídos y el alma, disfrutar el momento. El viajero va ligero de equipaje, lo que va adquiriendo en el camino se lleva en el espíritu, no en una maleta. Para todos los viajeros con quienes comparto una filosofía de vida, acá dejo estos versos de Mario Benedetti:

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
[…]
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
 
imagen de vuelo-libertad

El libro 1605, de Manuel Mujica Láinez


 

Este cuento de Mujica Láinez toma como referencia  El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Una linda lectura para trabajar la intertextualidad con la novela de Cervantes.

 

«El libro 1605», de Manuel Mujica Láinez, en Misteriosa Buenos Aires

-¡Un par de pantuflos de terciopelo negro!
El pulpero los alza, como dos grandes escarabajos, para que el sol destaque su lujo.
Bajo el alero, los cuatro jugadores miran hacia él. Queda el escribano con el naipe en alto y exclama:
-Si gano, los compraré.
Y la hija del pulpero, con su voz melindrosa:
-Son dignos del pie del señor escribano.
Éste le guiña un ojo y el juego continúa, porque el flamenco que hace las veces de banquero les llama al orden.
– ¡Doce varas de tela de Holanda! ¡Dos sobrecamas guarnecidas, con sus flocaduras!
A la sombra del parral, Lope asienta lo que le dictan, dibujando la bella letra redonda.
Están en el patio de tierra apisonada. A un lado, en torno de una mesa que resguarda el alerillo, cuatro hombres -el molinero flamenco, el escribano, un dominico y un soldado- prueban la suerte al lansquenete, el juego inventado en Alemania en tiempos de Carlos V o antes aun, cuando reinaba su abuelo Maximiliano de Habsburgo, el juego que las tropas llevaron de un extremo al otro de los dominios imperiales. Más acá, cerca de la parra, la hija del pulpero se ha ubicado en una silla de respaldo, entre dos tinajones. Es una muchacha que sería bonita si suprimiera la capa de bermellón y de albayalde con los cuales pretende realzar su encanto. Entre tanta pintura ordinaria, brillan sus ojos húmedos. Viste una falda amplísima, un verdugado, cuyos pliegues alisa con las uñas de ribete
negro. Sobre el pecho, bajo la gorguera, tiemblan los vidrios de colores de una joya falsa. Su padre, arremangado, sudoroso, trajina en mitad del patio. Un negro le ayuda a desclavar las barricas y las cajas, de donde va sacando las mercaderías que sigilosamente desembarcaron la noche anterior. Son fardos de contrabando venidos de Porto Bello, en el otro extremo de América. Se los envió Pedro González Refolio, un sevillano. Buenos Aires contrabandea del gobernador abajo, pues es la única forma de que subsista el comercio, así que el tendero apenas recata el tono cuando dicta:
– ¡Arcabuces! ¡Siete arcabuces!
El soldado gira hacia él. Se le escapan los ojos tras las armas de mecha y las horquillas. Protesta el banquero:
– ¡A jugar, señores!
Y baraja los naipes cuyo as de oros se envanece con el escudo de Castilla y de León y el águila bicéfala.
– ¡Una alfombra fina, de tres ruedas! ¡Cuatro sábanas de Ruán!
Lope sigue apuntando en su cuaderno. Ni el pulpero ni su hija saben escribir, de modo que el mocito tiene a su cargo la tarea de cuentas y copias. Se hastía terriblemente. La muchacha lo advierte; abandona por un momento el empaque y, con mil artificios de coquetería, se acerca a él. Le sirve un vaso de vino:
-Para el escritor.
El escritor suspira y lo bebe de un golpe. ¡Escritor! Eso quisiera ser él y no un escribiente miserable. La niña le come con los ojos. Se inclina para recoger el vaso y murmura:
-¿Vendrás esta noche?
El adolescente no tiene tiempo de responder, pues ya está diciendo el pulpero:
-Aquí terminamos. Una… dos… tres… cinco varas de raso blanco para casullas…
Las ha desplegado mientras las medía y ahora emerge, más transpirado y feo que nunca, entre tanta frágil pureza que desborda sobre las barricas.
-Y esto, ¿qué es?
Levanta en la diestra un libro que se escondía en lo hondo de la caja. Azárase el mercader:
-¿Cómo diablos se metió esto entre los géneros?
Lo abre torpemente y como las letras nada le transmiten, lo lanza por los aires, hacia los jugadores. El escribano lo caza al vuelo. Conserva los naipes en una mano y con la otra
lo hojea.
-Es una obra publicada este año. Miren sus mercedes: Madrid, 1605.
Se impacienta el banquero, a quien acosan los mosquitos:
-¿Qué se hace aquí? ¿Se lee o se juega?
Por su izquierda, hace cortar al dominico la baraja.
El fraile toma a su vez el libro (no es mucho lo que contiene: algo más de trescientas páginas), y declara, doctoral:
-Acaso sea un peligroso viajero y convenga someterlo al Santo Oficio.
-Nada de eso -arguye el dueño de la pulpería-. Luego se meterían en averiguaciones de cómo llegó a mis manos.
Y el soldado: -No puede ser cosa mala, pues está dedicado al Duque de Béjar.
El escribano se limpia los anteojos y resopla:
-Para mí no hay más duque que el Duque de Lerma.
Allí se echan todos a discutir. Bastó que se nombrara al favorito para que la tranquilidad del patio se rompiera como si en él hubieran entrado cien avispas. Por instantes el tono desciende y los personajes atisban alrededor. Es que el pulpero, irritado, ha dicho que el señor Felipe III es el esclavo del duque y que ese hombre altivo gobierna España a su antojo. Sobre las voces distintas, crece la del molinero:
-¿Jugamos? ¿Jugamos, pues?
La niña palmotea desde su silla dura y aprovecha la confusión para dirigir a Lope miradas de incendio.
– ¡Haya paz, caballeros! -ruega el dominico-. He estado recorriendo el comienzo de este libro y no me parece que merezca tanta alharaca. Es un libro de burlas.
Menea la cabeza el escribano:
-¿Adónde iremos a parar con las sandeces que agora se estampan? Déme su merced algo como aquellos libros que leíamos de muchachos y nos deleitaban. Las Sergas de Esplandián…
-Lisuarte de Grecia…
-Palmerín de Oliva…
Los jugadores han quedado en silencio, pues la evocación repentina les ha devuelto a su juventud y a las novelas que les hacían soñar en la España remota, en la quietud de los caseríos distantes, de los aposentos provincianos donde, a la luz de la lumbre, los guerreros fantásticos se aparecían, con
una dama en la grupa del caballo, pronunciando maravillosos discursos en el estruendo de las armas de oro.
Sólo el molinero de Flandes, que nunca ha leído nada, insiste con su protesta:
-Si no se juega, me voy. Sosiéganse los demás.
-Mejor será que lo demos a Lope -resume el escribano-. A nosotros ya nada nuevo nos puede atraer, pues hemos sido educados en el oficio de las buenas letras. Señores, se pierde la raza. Empieza la época de la estupidez y de la blandura.
¡Ay, don Duardos de Bretaña, don Clarisel, don Usuarte!
El pulpero suelta una carcajada gorda y alinea los arcabuces bajo la parra.
-¡Otra vuelta de vino de Guadalcanal! Y el libro, casi desencuadernado por los tirones, aletea una vez más por el aire, hacia el muchacho meditabundo que afila su pluma.
Ahora la casa duerme, negra de sombras, blanca de estrellas infinitas. La muchacha, cansada de aguardar a su desganado amante, cruza el patio de puntillas, hacia su habitación. Espía por la puerta y le ve, echado de bruces en el lecho. A la claridad de un velón, está leyendo el libro, el maldito libro de tapas color de manteca. Ríe, ensimismado, a mil leguas de Buenos Aires, del tendero, del olor a frutas y ajos que inunda la casa.
No lo puede tolerar el orgullo de la hija del pulpero. Entra y le recrimina por lo bajo, con bisbiseo afanoso, de miedo de que su padre la oiga:
-¡Mala entraña! ¿Por qué no has venido?
Lope quiere replicarle, pero tampoco se atreve a levantar la voz. Sucédese así un diálogo ahogado, entre la niña cuyos rubores pugnan por aparecer bajo la máscara de bermellón, y el mocito que se defiende con el volumen, como si espantara moscas.
Por fin, ella le quita el libro, con tal fiereza que deja en sus manos las tapas de pergamino. Y huye con él apretado contra el seno, rabiosa, hacia su cuarto.
Allí, frente al espejo, la presencia familiar de las alhajas groseras, de los botes de ungüento y de los peines de asta y de concha, la serena un poco, aunque no aplaca la fiebre de su desengaño. Comienza a peinarse el cabello rubio. El libro permanece abandonado entre las vasijas. Habla sola,
haciendo muecas, apreciando la gracia de sus hoyuelos, de su perfil. Le enrostra al amante ausente su indiferencia, su desamor. Sus ojos verdes, que enturbian las lágrimas, se posan sobre el libro abandonado, y su cólera renace. Voltea las páginas, nerviosa. Al principio hay algunas en que las
líneas no cubren el total del folio. Ignora que son versos. Quisiera saber qué dicen, qué encierran esas misteriosas letras enemigas, tan atrayentes que su seducción pudo más que los encantos de los cuales sólo goza el espejo impasible.
Entonces, con deliberada lentitud, rasga las hojas al azar, las retuerce, las enrosca en tirabuzón y las anuda en susrizos dorados. Se acuesta, transformada su cabellera en la deuna medusa caricaturesca, entre cuyos bucles absurdos asoman, aquí y allá, los arrancados fragmentos de Don Quijote de la Mancha. Y llora.

 

Para descargar el cuento en pdf, hagan click acá.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes