Apuntes sobre vanguardias


Por Marina Menéndez

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Vanguardias artísticas

Son movimientos de ruptura y experimentación. Siempre ha habido movimientos de renovación, querellas, movimientos de ruptura, pero se diferencian de las vanguardias por una diferencia de calidad ya que las vanguardias se proponen cambiar la vida a través de una nueva concepción del arte.

Se caracterizaron por un rechazo a la realidad objetiva, como la habían concebido el Realismo y el Naturalismo (verosimilitud y mímesis). Por ejemplo, Magritte coloca la leyenda “Ceci n’est  pas une pipe” debajo de la pintura realista de una pipa. La técnica del collage (especialmente en los cubistas) o del montaje (fragmentos) se oponen a la idea del arte como representación de la realidad (realismo, verosimilitud, mímesis) y, a la vez, producen el efecto de extrañamiento en la recepción. Esto hace que no haya una interpretación del sentido de la obra. Tal negación del sentido produce un shock en el receptor. Este shock  pretende estimular al receptor para que se cuestione, para que construya su propia interpretación de la obra.

Entre los objetivos de las vanguardias se encuentra el de escandalizar al burgués (épater le bourgeois). Por ejemplo, el corto Un perro andaluz (1929), dirigido por Luis Buñuel, “está considerada la película más significativa del cine surrealista. Transgrediendo los esquemas narrativos canónicos, la película pretende provocar un impacto moral en el espectador a través de la agresividad de la imagen. Remite constantemente al delirio y al sueño, tanto en las imágenes producidas como en el uso de un tiempo no lineal de las secuencias” (Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Un_perro_andaluz).

La provocación va acompañada del rompimiento de costumbres. Esto se relaciona con la idea de movilizar el arte, al que ven paralizado en la tradición. Plantean la aventura, la audacia, el peligro, el movimiento, el salto mortal.

Las vanguardias luchan contra el orden establecido por la burguesía, contra lo que se denomina la institución arte: las formas de producción y distribución del arte, las instituciones de consagración (las academias, los premios, las galerías de arte, el museo, etc.),  la idea de que el arte debe ser autónomo (es decir, separado de la praxis vital).

Acompañan a las grandes revoluciones políticas del siglo XX: revolución bolchevique, revolución rusa, revolución mexicana, etc.  Las vanguardias se dan entre la Primera Guerra Mundial (1914-1919) y el crack económico de 1929. Este panorama político-social socava la idea de progreso que enarboló el siglo XIX.

Las vanguardias centran cuestiones sociales en lo estético. El problema estético es una de las principales preocupaciones de las vanguardias. Cuando en 1913 Duchamps envía un urinario con su firma a una exposición de arte, esa provocación subversiva está planteando la cuestión estética, está revelando que el mercado del arte atribuye más valor a la firma que a la obra. De modo similar, cuando Andy Warhol retrata las latas de conservas Campbell está revelando y criticando la obra de arte como producto de consumo.

Algunos de los movimientos de vanguardia son el futurismo italiano, el cubismo, el dadaísmo francés, el ultraísmo español y el creacionismo chileno.

El marxismo y el psicoanálisis, que enfocan en su totalidad las manifestaciones humanas, influyeron en las vanguardias, sobre todo, en la reflexión sobre la lengua, cuestiones sobre la transparencia u opacidad del lenguaje. Especialmente, el surrealismo manifiesta la influencia del psicoanálisis

Algunas manifestaciones de las rupturas vanguardistas:

Ruptura de la identificación del yo lírico/sujeto de la enunciación con la figura social del poeta. Ej. en Girondo la voz lírica aparece reducida a la visión de un ojo o de un lente que focaliza. Rimbaud: “Je est un autre” (yo es un otro).  Esto produce un extrañamiento de la mirada, una desautomatización de la mirada. El shock del receptor se convierte en intención artística.

Ruptura de reglas gramaticales, ortográficas y de puntuación. Por ejemplo, en el creacionismo de Vicente Huidobro y el ultraísmo de Borges, James Joyce en Ulises (1922),  Augusto Monterroso en “La brevedad”, César Vallejo en Trilce, Mario Benedetti en El cumpleaños de Juan Ángel, Guillermo Cabrera Infante en Tres tristes tigres, Camilo José Cela en Oficio de tinieblas, Juan Goytisolo en Señas de identidad . Estética del caos a través del fluido monólogo interior o fluir de conciencia como técnica narrativa.

Conjunción de lo icónico y lo lingüístico. Por ej. Stéphane Mallarmé en Un coup de dés jamais n’abolira le hasard (1897), Caligramas (1918) de Apollinaire, los caligramas de Girondo, los poemas que presentan sucesión de imágenes (técnica tomada del cine), como los de Fervor de Buenos Aires de Jorge Luis Borges. Los caligramas o metáfora gráficas juegan con el significante, ej. “Locomotora”.

La tipografía se vuelve significante. Ej. los blancos tipográficos de Coup de dés (“Un golpe de dados”) de Mallarmé,  los caligramas. La escuela alemana de vanguardia Bauhaus, además de darle su nombre a un tipo de letra, puso a la tipografía en el centro de sus experimentaciones.

El azar, lo lúdico, la experimentación con formas y materiales. Y, relacionado con esto, la abolición del sentido unívoco. Por ejemplo, Miguel Delibes en “Parábola del náufrago”, el glíglico de Julio Cortázar en Rayuela.

La ruptura de la ortografía y la puntuación, la presencia de lo icónico y/o cinematográfico en lo lingüístico, la experimentación lúdica con el lenguaje son algunas de las formas en que se manifiesta el trabajo sobre el significante.

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La Gioconda. Manuel Machado y Ramón Gómez de la Serna


La cautivante mirada de la Mona Lisa, arte y magia del pincel de Leonardo Da Vinci, ha inspirado a muchos poetas. Aquí les dejo dos textos, un poema de Manuel Machado y un relato de Ramón Gómez de la Serna, para pensar la intertextualidad entre la pintura y la palabra.

 

La Gioconda de Leonardo Da Vinci

 

Florencia -flor de música y aroma-,

patria del gran Leonardo, inenarrable

madre de lo sutil y lo inefable…

Florencia del león y la paloma.

Mona Lisa sonríe, Madona Elisa

mira pasar los siglos sonriente.

Y nosotros también eternamente

llevamos en el alma su sonrisa.

Sonríe la Giocconda…¿Qué armonía,

qué paisaje de ensueño la extasía?

¿Por dónde vaga su mirar velado?…

¿Qué palabra fatal suena en su oído?…

¿Qué amores desentierra del olvido?…

¿Qué secreto magnífico ha escuchado?…

Manuel Machado

 

La Gioconda y el ladrón (fragmento)

 

La Gioconda miraba con malicia al banquero porque sabía que entre otras cosas había en aquel escondrijo, el que ella era el disimulado parche, un collar de brillantes cruzados con amatistas, que hubiera deseado lucir en su divino escote. […] El ladrón que sabía que detrás de la Gioconda estaba el escondite se entretuvo ante ella, perdió tiempo, ontempló su sonrisa, oyó sus misteriosas palabras.

La Gioconda frente a frente del ladrón en la alta noche le entretuvo con su secular coquetería, le engañó con sus ojos de mirar al sesgo, le distrajo con su secular coquetería, le engañó con sus ojos de mirar al sesgo, le distrajo con su belleza de gran espectadora y dio tiempo a que alguien viniese y le hiciese levantar los brazos al ladrón.

De “La Gioconda y el ladrón”, Caprichos, 1925-1956