El Matadero de E. Echeverría


Por Marina Menéndez

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El autor:

José Esteban Echeverría (1805- 1851) es uno de los principales representantes de la Generación del 37 y del Romanticismo en Argentina y Latinoamérica. Entre 1825 y 1830 estudió en Francia donde estuvo en contacto con la literatura romántica y con la ideología política de los carbonarios. Los carbonarios constituían  una sociedad secreta surgida en Italia que luchaban por la libertad política y la abolición de la monarquía. Echeverría llegó a Europa durante la época de las revoluciones que se oponían a la Restauración de los regimenes monárquicos.  Al regresar a Argentina, Bernardino Rivadavia, defensor del régimen unitario, había renunciado a la presidencia tras la Constitución centralista de 1826 y la finalización de la guerra contra Brasil con la cesión de la banda oriental y Juan Manuel de Rosas, representante de los federales, gobernaba Buenos Aires. En medio de las sangrientas luchas entre unitarios y federales, un grupo de jóvenes comienza a reunirse en la ciudad de Buenos Aires para leer y comentar la situación política y las ideas de nacionalismo y liberalismo provenientes de Europa, especialmente de Francia. Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutierrez y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros,  se reunían en el Salón Literario, inaugurado en 1837 en el local de la librería de Marco Sastre; es por eso que se los llamó la Generación del 37.  Podemos considerar el salón Literario como el primer movimiento político-cultural de nuestro país, el primer proyecto de constitución de la nacionalidad argentina basado principalmnte en la idea de progreso, en la libertad y en la educación. Hay que tener en cuenta que todos ellos escribieron obras literarias relacionadas con la situación política del país, su ideología anti-rosista provocó que Rosas clausurara el Salón y que muchos de ellos tuvieran que emigrar.

En 1832 publica “Elvira o la novia del Plata”; en1834, “Los consuelos”; en 1837, “La Cautiva” . En 1848 aparece el Dogma o declaración de principios que constituyen la creencia social de la República Argentina, más conocido como el Dogma Socialista, en el que Echeverría expone su modelo de proyecyo político nacional.  Aproximadamente en 1839, Echeverría escribe “El Matadero”, que será publicado en forma póstuma recién en 1871. Falleció a los 45 años, exiliado en Montevideo.

El valor de su obra literaria reside principalmente en abrir el camino a una literatura nacional que supera las influencias neoclásicas que se reflejaban en la poesía del momento. y hacia la narrativa realista argentina.

El relato.

“El Matadero” ha sido considerado un cuento, un cuadro de costumbres, un ensayo… El debate sobre el género del relato se debe, por una parte, a la combinación de narración y reflexión política que presenta y, por otra parte, a que el texto está inextricablemente ligado a hechos históricos. “A pesar de que la mía es historia…” es la primera frase del relato y más adelante insiste el narrador: “Lo que hace principalmente a mi historia es que…”.

La estructura del relato consta de cinco partes:

  1. contextualización espacio-temporal: referencia a las inundaciones, a la fecha aproximada, a la muerte de la esposa de Rosas; Barracas, el Matadero.
  2. la descripción del la escasez de carne, que comienza en “Lo que rncipalmente hace a mi historia es que por causa de la inundación estuvo quince días el matadero de la Convalecencia sin ver una sola cabeza vacuna…”, se matiza con la ironía burlona de la crítica a la Iglesia y a la figura del Restaurador.
  3. llegada de los animales, uno de los cuales es obsequiado al Restaurador, “muy amigo del asado”. Aquí, el narrador abandona la ironía para dar lugar a la crítica explícita:

¡Cosa extraña que haya estómagos privilegiados y estómagos sujetos a leyes inviolables y que la Iglesia tenga la llave de los estómagos!
Pero no es extraño, supuesto que el diablo con la carne suele meterse en el cuerpo y que la Iglesia tiene el poder de conjurarlo: el caso es reducir al hombre a una máquina cuyo móvil principal no sea su voluntad sino la de la Iglesia y el gobierno. Quizá llegue el día en que sea prohibido respirar aire libre, pasearse y hasta conversar con un amigo, sin permiso de autoridad competente. Así era, poco más o menos, en los felices tiempos de nuestros beatos abuelos que por desgracia vino a turbar la revolución de Mayo. (…)

Es de creer que el Restaurador tuviese permiso especial de su Ilustrísima para no abstenerse de carne, porque siendo tan buen observador de las leyes, tan buen católico y tan acérrimo protector de la religión, no hubiera dado mal ejemplo aceptando semejante regalo en día santo.

4. descripción del Matadero, precedida por la intención explícita del narrador de “hacer un croquis de la localidad” para que el lector pueda percibir “todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de una pequeña clase proletaria peculiar del Río de la Plata”.

5.la narración de la secuencia de hechos: la persecusión del toro, la muerte del niño, la aparición del unitario y su posterior tortura y muerte.

En las cuatro primeras secuencia predomina la descripción mientras que en la última prevalece la narración. En  “El Matadero” hay narración:

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Ilustración de Adolfo Bellocq

descripción de lugares:

La perspectiva del matadero a la distancia era grotesca, llena de animación. Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias. En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distinta. La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre.

de situaciones:

Hacia otra parte, entretanto, dos africanas llevaban arrastrando las entrañas de un animal; allá una mulata se alejaba con un ovillo de tripas y resbalando de repente sobre un charco de sangre, caía a plomo, cubriendo con su cuerpo la codiciada presa. Acullá se veían acurrucadas en hilera cuatrocientas negras destejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que el avaro cuchillo del carnicero había dejado en la tripa como rezagados, al paso que otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmones para depositar en ellas, luego de secas, la achura.

y de personajes:

(…) el juez del matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros y que ejerce la suma del poder en aquella pequeña república por delegación del Restaurador.

Matasiete era hombre de pocas palabras y de mucha acción.

Era éste [el unitario] un joven como de veinticinco años de gallarda y bien apuesta persona…

La voz narradora omnisciedetne el relato de los hechos para exponer mordaces opiniones. La ironía y el sarcasmo son las estrategias más utilizadas por el narrador para expresar la crítica política y religiosa:

Y como la Iglesia tiene ab initio y por delegación directa de Dios, el imperio inmaterial sobre las conciencias y estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo, nada más justo y racional que vede lo malo. Los abastecedores, por otra parte, buenos federales, y por lo mismo buenos católicos, sabiendo que el pueblo de Buenos Aires atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento, sólo traen en días cuaresmales al matadero, los novillos necesarios para el sustento de los niños y de los enfermos dispensados de la abstinencia por la Bula y no con el ánimo de que se harten algunos herejotes, que no faltan, dispuestos siempre a violar las mandamientos carnificinos de la Iglesia, y a contaminar la sociedad con el mal ejemplo.

La abstinencia de carne era general en el pueblo, que nunca se hizo más digno de la bendición de la Iglesia, y así fue que llovieron sobre él millones y millones de indulgencias plenarias.

Alarmóse un tanto el gobierno, tan paternal como previsor, del Restaurador, creyendo aquellos tumultos de origen revolucionario y atribuyéndolos a los mismos salvajes unitarios, cuyas impiedades, según los predicadores federales, habían traído sobre el país la inundación de la cólera divina…

La violencia es un elemento constante en el relato: la muerte del niño ante la indiferencia de los observadores y la tortura y ultraje del joven unitario son los dos episodios más ilustrativos. En la casilla del Matadero de la Convalecencia se dirime el mejor método (el más cruel y violento) para torturar al joven unitario: el violín, la resbalosa, la mazorca, la verga y tijera, la vela:

Un hombre, soldado en apariencia, sentado en una de ellas cantaba al son de la guitarra la resbalosa, tonada de inmensa popularidad entre los federales…

Pícaro unitario. Es preciso tusarlo.
-Tiene buen pescuezo para el violín.
-Tocale el violín
-Mejor es la resbalosa.
-Probemos, dijo Matasiete y empezó sonriendo a pasar el filo de su daga por la garganta del caído, mientras con la rodilla izquierda le comprimía el pecho y con la siniestra mano le sujetaba por los cabellos. (…)

-Es preciso sobarlo.
-Por ahora verga y tijera.
-Si no, la vela.
-Mejor será la mazorca.

Lo grotesco caracteriza la descripción del ambiente, en el que la chusma se disputa las tripas entre el barro y la sangre de los animales:

Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias.

-¡A la bruja! ¡A la bruja! -repitieron los muchachos-: ¡Se lleva la riñonada y el tongorí! – Y cayeron sobre su cabeza sendos cuajos de sangre y tremendas pelotas de barro.
Hacia otra parte, entretanto, dos africanas llevaban arrastrando las entrañas de un animal; allá una mulata se alejaba con un ovillo de tripas y resbalando de repente sobre un charco de sangre, caía a plomo, cubriendo con su cuerpo la codiciada presa. Acullá se veían acurrucadas en hilera cuatrocientas negras destejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que el avaro cuchillo del carnicero había dejado en la tripa como rezagados, al paso que otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmones para depositar en ellas, luego de secas, la achura. Por un lado dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo tirándose horrendos tajos y reveses; por otro cuatro ya adolescentes ventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo que habían robado a un carnicero; y no de ellos distante, porción de perros flacos ya de la forzosa abstinencia, empleaban el mismo medio para saber quién se llevaría un hígado envuelto en barro. Simulacro en pequeño era éste del modo bárbaro con que se ventilan en nuestro país las cuestiones y los derechos individuales y sociales.

La oposición entre la chusma y los matarifes por un lado y la figura del joven unitario por otro prefiguran la dicotomía entre civilización y barbarie que desarrollaría Sarmiento en el Facundo.

Matadero-Huergo

Textos relacionados:

El Matadero en las artes visuales:

Versión en historieta por Enrique Breccia

Ilustraciones de Adolfo Bellocq en la edición de 1963.

Litografías de Juan Carlos Huergo

Lecturas recomendadas:

“El Matadero: estampa de un sacrificio ritual” de Hugo Bauzá.

Echeverría y el lugar de la ficción“, en La Argentina en pedazos de Ricardo Piglia. Ediciones de la Urraca.

“La generación del 37”, en La invención de la Argentina de Nicolás Shumway.

La vigencia de “El Matadero” en la cultura argentina contemporánea“, por Julián Guarino

Cuando don Juan María le enmendó la plana a don Esteban“, por Fernando Sorrentino. (Análisis del léxico y del uso de pronombres personales)

Mártires o libres: un dilema estético. Las víctimas de la cultura en ‘El Matadero’ de Echeverría y en sus reescrituras“, por Cristina Iglesias