Kafka precursor: la enunciación como proceso vacío


 

Por Marina Menéndez

Ante la pregunta sobre quién habla en un texto literario, Roland Barthes declara: “Jamás será posible averiguarlo, por la sencilla razón de que la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe”[1]. Barthes sostiene que quien habla en un texto es el propio lenguaje, de ahí que el “yo” que habla se construye dentro de los márgenes del discurso, sin remitir a un yo externo al texto.

Este corte del cordón umbilical entre la escritura y la voz del autor elimina la referencialidad y la figura del autor de la crítica literaria y da primacía al lector.  La figura del autor ya no es el origen de la escritura; su vida, su intencionalidad, el sentido que haya querido asignar al texto se desvanecen. En consecuencia, la lectura ya no es una búsqueda por develar el sentido único y a priori del texto, o —dicho en términos barthesianos— descifrar un sentido teológico que la crítica literaria se encargaba de buscar en la figura del autor. Para Barthes, la escritura se agota en el lenguaje, es inútil tratar de descifrar un sentido único y cerrado que se esconde en la intencionalidad del autor y en su propia figura y, por tanto, es el lector quien construye los sentidos de un texto. A nuestro entender, esto no impide que las interpretaciones elaboradas por los lectores encuentren —con posterioridad a la lectura del texto literario— sostén en textos no literarios del autor; en este caso la lectura no estuvo amordazada, condicionada a priori por datos biográficos o contextuales.

El cuento “Un sueño” desarrolla una trama onírica en la que el personaje sale a pasear en “un hermoso día” y se desliza “como por un torrente” por uno de los senderos que lo llevan hasta una tumba. Percibimos aquí la mutación no solo del espacio físico, desde la apacible caminata por un espacio abierto hacia la opresión del espacio fúnebre, sino también el gradual cambio de ánimo en el protagonista, que pasará desde la “vivacidad” del principio a la perplejidad y luego al desconsuelo del llanto. Sobre la lápida un artista escribe “Aquí yace” con letras doradas, claras y hermosas, pero encuentra dificultad para continuar escribiendo el nombre del difunto porque la perplejidad y desolación ganan al protagonista ante la imagen de su propia muerte. La crítica literaria biografista ha leído en la inicial del apellido de los protagonistas de este cuento, de El proceso y El castillo una referencia autobiográfica y ha interpretado a estos personajes como alter egos del autor. También se ha propuesto —como diría Barthes, desde la crítica en la que impera la persona del Autor— que en “Un sueño” el artista que escribe en la lápida es el Doppelgänger del protagonista. Esa lectura pretende llenar el vacío del sujeto de la enunciación (el autor textual) con datos de la persona Kafka. Nuestra lectura, prescindiendo de las interpretaciones biografista tan cristalizadas en la enseñanza de la literatura[2], propone interpretar el relato como alegoría de la muerte del autor: el acto mismo de la escritura (en el cuento, la escritura de la lápida) constituye la desaparición del autor (en el cuento, del personaje que llega hasta la tumba). En este sentido, el cuento textualizaría la desaparición de la figura del autor en el acto de la escritura. Se podría interpretar la inscripción del nombre del autor/personaje en la lápida como el equivalente de la firma del autor de un texto literario: un nombre que no refiere sino a algo que no existe, que desaparece en el acto mismo de la escritura. De modo similar, podríamos leer el hueco de la tumba como el vacío en el que se pierde la subjetividad del autor.

Podría argumentarse que el título de este trabajo debería reformularse, ya que decir que anticipándose al giro lingüístico, “Un sueño” de Franz Kafka ya presenta la enunciación como un proceso vacío esconde la presuposición de que la lectura va a develar la intencionalidad del autor y, a su vez, opera una interpretación anacrónica (aunque válida) que ve en la intencionalidad del autor la anticipación de un cambio de paradigma que, aunque tiene antecedentes en la primera mitad del siglo pasado, se consolida hacia 1960 cuando Gustav Bergman acuña la expresión giro lingüístico para dar cuenta de esa nueva corriente que niega la referencialidad de la escritura y postula que el lenguaje no representa la realidad sino que la construye. Sin embargo, el título da cuenta de un proceso en el que, tras haber elaborado una interpretación del cuento “Un sueño” como alegoría del proceso vacío de la enunciación que proponen los teóricos del llamado giro lingüístico, descubrimos que en Diarios y en Cartas a Felice—cuyo análisis excede el objetivo de este trabajo— Kafka aborda el tema de la muerte del autor, del vacío y desaparición del “yo” en la escritura. Las ideas que en los diarios y cartas son meras reflexiones, inquietudes, podría leerse como un pensamiento que anticipa uno de los postulados clave del giro lingüístico: la enunciación como un proceso vacío.

 

[1] Barthes, R. (1994) “La muerte del autor” en El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura, Barcelona, Paidós, pp. 65-71.

[2] Incluso se podría arriesgar como estrategia didáctica la eliminación del nombre del autor, la firma, del texto a fin de evitar que saberes previos sobre la figura del autor o información del contexto de producción se inmiscuyan o condicionen la construcción de sentidos.

 

Palabras clave: autor, narrador, enunciación, giro lingüístico, postestructuralismo, referencialidad

Este trabajo fue presentado como parte de las actividades del seminario Didáctica de la teoría literaria, del postítulo Especialización en Literatura y Escritura (Ministerio de Educación y Deportes de la Nación Argentina), 2016.  

 

Juegos de palabras. Actividades


Palíndromos. Palabras con eco. Pirámides de letras. Caligramas.

Juegos_de_palabras_Actividades

Propuestas de actividades. Material del Ministerio de Cultura y Educación

Eduardo Galeano: textos sobre mujeres


Pueden descargar esta entrada en pdf haciendo clic en este enlace.

“La mujer es un hombre incompleto” Aristóteles

“La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado” Santo Tomás de Aquino

“Las gallinas ponen huevos y las mujeres, cuernos” Francisco de Quevedo

“La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto” Arthur Schopenhauer

 

Los textos de Eduardo Galeano sobre la mujer, sobre las mujeres, develan historias olvidas o silenciadas por la historia. De-velan, dan voz, alumbran, proponen miradas novedosas, critican ideologías cristalizadas.

Aquí algunos de los relatos sobre mujeres. Aclaración: todos los textos fueron recolectados de diversas fuentes en línea, que indico al final.

 

Harriet
Ocurre a mediados del siglo diecinueve.
Se fuga. Harriet Tubman se lleva de recuerdo las cicatrices en la espalda y una hendidura en el cráneo.

Al marido no se lo lleva. Él prefiere seguir siendo esclavo y padre de esclavos:

—Estás loca –le dice–. Podrás escaparte, pero no podrás contarlo.

Ella se escapa, lo cuenta, regresa, se lleva a sus padres, vuelve a regresar y se lleva a sus hermanos. Y hace diecinueve viajes desde las plantaciones del sur hasta las tierras del norte, y atravesando la noche, de noche en noche, libera a más de trescientos negros.
Ninguno de sus fugitivos ha sido capturado. Dicen que Harriet resuelve con un tiro los agotamientos y los arrepentimientos que ocurren a medio camino. Y dicen que ella dice:

—A mí no se me pierde ningún pasajero.

Es la cabeza más cara de su tiempo. Cuarenta mil dólares fuertes se ofrecen en recompensa.

Nadie los cobra.

Sus disfraces de teatro la hacen irreconocible y ningún cazador puede competir con su maestría en el arte de despistar pistas y de inventar caminos.

 

Alarma: ¡Bicicletas!
—La bicicleta ha hecho más que nada y más que nadie por la emancipación de las mujeres en el mundo –decía Susan Anthony.

Y decía su compañera de lucha, Elizabeth Stanton:

—Las mujeres viajamos, pedaleando, hacia el derecho de voto.

Algunos médicos, como Philippe Tissié, advertían que la bicicleta podía provocar aborto y esterilidad, y otros colegas aseguraban que este indecente instrumento inducía a la depravación, porque daba placer a las mujeres que frotaban sus partes íntimas contra el asiento.

La verdad es que, por culpa de la bicicleta, las mujeres se movían por su cuenta, desertaban del hogar y disfrutaban el peligroso gustito de la libertad. Y por culpa de la bicicleta, el opresivo corsé, que impedía pedalear, salía del ropero y se iba al museo.
Marilyn
Como Rita, esta muchacha ha sido corregida. Tenía párpados gordos y papada, nariz de punta redonda y demasiada dentadura: Hollywood le cortó grasa, le suprimió cartílagos, le limó los dientes y convirtió su pelo castaño y bobo en un oleaje de oro fulgurante. Después los técnicos la bautizaron Marilyn Monroe y le inventaron una patética historia de infancia para contar a los periodistas.

La nueva Venus fabricada en Hollywood ya no necesita meterse en cama ajena en busca de contratos para papeles de segunda en películas de tercera. Ya no vive de salchichas y café, ni pasa frío en invierno. Ahora es una estrella, o sea: una personita enmascarada que quisiera recordar, pero no puede, cierto momento en que simplemente quiso ser salvada de la soledad.

 

Mujer que dice chau
Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También me llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.

Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)

No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.
Alfonsina
1935. Buenos Aires

A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador.

Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos en el vientre un hijo sin padre legal. En esta ciudad trabajó en lo que hubiera; y robaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas. Mientras pulía las palabras, verso a verso, noche a noche, cruzaba los dedos y besaba las barajas que anunciaban viajes y herencias y amores.

El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regaló la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos más ilustres.

Este año, en el verano, supo que tenía cáncer. Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo de la mar y de la casa que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas.

 

El zapato
En 1919, la revolucionaria Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín.

Los asesinos la rompiron a golpes de fusil y la arrojaron a las aguas de un canal.

En el camino, ella perdió un zapato.

Alguna mano recogió ese zapato, tirado en el barro.

Rosa quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia.

Cada día, alguna mano recoge esa bandera.

Tirada en el barro, como el zapato.

 

Juana

Como Teresa de Ávila, Juana Inés de la Cruz se hizo monja para evitar la jaula del matrimonio.

Pero también en el convento su talento ofendía. ¿Tenía cerebro de hombre esta cabeza de mujer? ¿Por qué escribía con letra de hombre? ¿Para qué quería pensar, si guisaba tan bien? Y ella, burlona, respondía:

—¿Qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina?

Como Teresa, Juana escribía, aunque ya el sacerdote Gaspar de Astete había advertido que a la doncella cristiana no le es necesario saber escribir, y le puede ser dañoso.

Como Teresa, Juana no sólo escribía, sino que, para más escándalo, escribía indudablemente bien.

En siglos diferentes, y en diferentes orillas de la misma mar, Juana, la mexicana, y Teresa, la española, defendían por hablado y por escrito a la despreciada mitad del mundo.

Como Teresa, Juana fue amenazada por la Inquisición. Y la Iglesia, su Iglesia, la persiguió, por cantar a lo humano tanto o más que a lo divino, y por obedecer poco y preguntar demasiado.

Con sangre, y no con tinta, Juana firmó su arrepentimiento. Y juró por siempre silencio. Y muda murió.

 

Louise

—Quiero saber lo que saben –explicó ella.

Sus compañeros de destierro le advirtieron que esos salvaje no sabían nada más que comer carne humana:

—No saldrás viva.

Pero Louise Michel aprendió la lengua de los nativos de Nueva Caledonia y se metió en la selva y salió viva.

Ellos le contaron sus tristezas y le preguntaron por qué la habían mandado allí:

—¿Mataste a tu marido?

Y ella les contó todo lo de la Comuna:

—Ah –le dijeron–. Eres una vencida. Como nosotros.
Las brujas
En el año 1770, una ley inglesa condenó a las mujeres engañeras.

Estas pérfidas seducían a los súbditos de Su Majestad y los empujaban al matrimonio utilizando malas artes tales como perfumes, pinturas, baños cosméticos, dentaduras postizas, pelucas, rellenos de lana, corsés, armazones, aros y aretes y zapatos de tacones altos.

Las autoras de estos fraudes, decía la ley, serán juzgadas según las leyes vigentes contra la brujería, y sus matrimonios serán declarados nulos y disueltos.

El atraso tecnológico impidió incluir las siliconas, la liposucción, el bótox, las cirugías plásticas y otros prodigios quirúrgicos y químicos.

Eva

Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa.

La autoridad
En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo.

Así era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del Fuego, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror.

Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.

 

1781

Cuzco

Micaela

En esta guerra, que ha hecho crujir la tierra con dolores de parto, Micaela Bastidas no ha tenido descanso ni consuelo. Esta mujer de cuello de pájaro recorría las comarcas haciendo más gente y enviaba al frente nuevas huestes y escasos fusiles, el largavistas que alguien había pedido, hojas de coca y choclos maduros. Galopaban los caballos, incesantes, llevando y trayendo a través de la serranía sus órdenes, salvoconductos, informes y cartas. Numerosos mensajes envió a Túpac Amaru urgiéndolo a lanzar sus tropas sobre el Cuzco de una buena vez, antes de que los españoles fortalecieran las defensas y se dispersaran, desalentados, los rebeldes. Chepe, escribía, Chepe, mi muy querido: Bastantes advertencias te di… Tirada de la cola de un caballo, entra Micaela en la Plaza Mayor del Cuzco, que los indios llaman Plaza de los Llantos. Ella viene dentro de una bolsa de cuero, de esas que cargan yerba del Paraguay. Los caballos arrastran también, rumbo al cadalso, a Túpac Amaru y a Hipólito, el hijo de ambos. Otro hijo, Fernando, mira.

Memorias del fuego II: Las caras y las máscaras

Emily

Ocurrió en Amherst, en 1886.
Cuando Emily Dickinson murió, la familia descubrió mil ochocientos poemas guardados en su dormitorio.
En puntas de pie había vivido, y en puntas de pie escribió. No publicó más que once poemas en toda su vida, casi todos anónimos o firmados con otro nombre.
De sus antepasados puritanos heredó el aburrimiento, marca de distinción de su raza y de clase: prohibido tocarse, prohibido decirse.
Los caballeros hacían política y negocios y las damas perpetuaban la especie y vivían enfermas.
Emily habitó la soledad y el silencio. Encerrada en su dormitorio, inventaba poemas que violaban las leyes, las leyes de la gramática y las leyes de su propio encierro, y allí escribía una carta por día a su cuñada, Susan, y se la enviaba por correo, aunque ella vivía en la casa de al lado.
Esos poemas y esas cartas fundaron su santuario secreto, donde quisieron ser libres sus dolores escondidos y sus prohibidos deseos.

 

El arte de vivir

En 1986, el Nobel de Medicina fue para Rita Levi Montalcini.

En tiempos difíciles, durante la dictadura de Mussolini, Rita había estudiado las fibras nerviosas, a escondidas, en un laboratorio improvisado en algún rincón de su casa.

Años después, tras mucho trabajar, esta tenaz detective de los misterios de la vida descubrió la proteína que se ocupa de multiplicar las células humanas, y recibió el Nobel.

Ya rondaba los ochenta años, y decía:

-El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad.

 

Sherezade
Por vengarse de una, que lo había traicionado, el rey degollaba a todas.

En el crepúsculo se sacaba y al amanecer enviudaba.

Una tras otra, las vírgenes perdían la virginidad y la cabeza.

Sherezade fue la única que sobrevivió a la primera noche, y después siguió cambiado un cuento por cada nuevo día de vida.

Esas historias, por ella escuchadas, leídas o imaginadas, la salvaban de la decapitación. Las decía en voz baja, en la penumbra del dormitorio, sin más luz que la luna. Diciéndolas sentía placer, y lo daba, pero tenía mucho cuidado. A veces, en pleno relato, sentía que el rey le estaba estudiando el pescuezo.

Si el rey se aburría, estaba perdida.

Del miedo a morir nació la maestría de narrar.

 

Recurso para el aula:

Secuencia didáctica sobre “Los derechos de las mujeres”, elaborada por las profesoras Verónica Sidoti y Yanina Carpentieri. Disponible en <http://www.educ.ar/sitios/educar/recursos/ver?id=14390>.

Canal Encuentro:

La vida según Galeano: Mujeres

Presentación del ciclo La vida según Galeano. Tiene enlaces a otros recursos sobre el autor.

Fuentes

http://blogs.elpais.com/mujeres/2015/04/las-mujeres-eduardo-galeano.html

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/13/actualidad/1428930211_890802.html

http://www.sigloxxieditores.com/especial/Mujeres_6

http://www.huffingtonpost.es/2015/04/13/mujeres-galeano_n_7054240.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-35823-2015-06-16.html

http://www.mondiplo.net/galeano-mujeres

Desayuno, de Cortázar


“Desayuno”, de Julio Cortázar, en Último round

Lo primero que hago al despertarme es correr al cuarto de mamá y darle los buenos días mientras la beso tiernamente en ambas mejillas.

—Buenos días, hermanito ―le digo.

—Buenos días, doctor ―me contesta mientras se peina.

Quizá convenga señalar desde ahora que tengo siete años y medio y que estudio solfeo cantado con mi tía Berta.

—Buenos días, sobrina ―digo al entrar en la pieza donde papá empolla sus reumatismos.

—Buenos días, mi querida ―dice papá.

Agrego, con fines de información, que soy un varoncito pelirrojo y sumamente desenvuelto. Después de sus abluciones, la familia se reúne en torno al pan con manteca y al Figaro, y siempre soy el primero en dar los buenos días a mi hermano mayor que prepara ya su buena tajada de pan con dulce.

—Buenos días, mamá ―le digo.

—Buenos días, Medor ―me dice.

—¡Cucha! ―agrega con energía.

En esa manera la familia se va reuniendo para saborear el café con leche preparado por mi abuelito con su esmero habitual. Precisamente por eso no me olvido jamás de mostrarle mi agradecimiento en estas circunstancias.

—Muchas gracias, Olivia ―le digo.

—Oh, de nada, hermana ―contesta mi abuelito.

Estas tiernas efusiones son siempre malogradas por la intempestiva llegada del cartero con el telegrama del tío Gustavo, cultivador en Tananarive, y a mi hermano mayor le toca encargarse de la penosa lectura.

CAÑA AZÚCAR ARRUINADA TIFÓN MÓNICA STOP ¿QUÉ VA A SER DE MÍ? STOP MIERDA STOP

El telegrama no está firmado, los de la familia nos conocemos bien.

—Era de imaginarse –dice mamá, que se ha puesto a lloriquear.

—Con ese pésimo carácter que tiene ―observa el doctor.

—Chicos, cállense la boca –dice mi hermano mayor.

—Somos chicos, pero lo mismo el tío Gustavo es un pajarón ―dice mi hermana.

—¡Medor, cucha! ―ordena mamá.

—¿Puedo dar mi opinión? –dice Olivia.

—Pero por supuesto, abuelito –dice mi hermana.

—¿Te vas a callar sí o no? ―grita mi hermano mayor.

—¿Es así como se le habla a su madre? ―dice mi sobrina.

—Perdón, mamá ―dice mamá.

—Hipócrita –digo yo.

—Por favor, doctor –dice mi hermano.

—Mi opinión ―dice Olivia— es que el café se va a enfriar por culpa del telegrama.

—Tiene razón –dice Medor.

—Gracias, abuelito ―dice mi sobrina.

—De nada, Víctor ―dice Olivia.

El juguete rabioso, Arlt


El juguete rabioso (1926) es la primera novela del escritor argentino Roberto Arlt. Arlt-El juguete rabiosoEstá narrada en primera persona por su protagonista, Silvio Astier. Comienza con su ingreso  en el delito por la vía doble de la literatura. Por un lado, Astier imita —como un Quijote— a los personajes de la literatura sobre bandoleros. Dice Astier en el primer capítulo:

Yo ya había leído los cuarenta y tantos tomos que el vizconde de Ponson du Terrail escribiera acerca del hijo adoptivo de mamá Fipart, el admirable Rocambole, y aspiraba a ser un bandido de la alta escuela.

La referencia al personaje de Cervantes está presente en la segunda frase de la siguiente oración:

Entonces yo soñaba con ser bandido y estrangular corregidores libidinosos; enderezaría entuertos, protegería a las viudas y me amarían singulares doncellas.

Como Don Quijote, o mejor dicho como Alfonso Quijano, el protagonista de El juguete rabioso quiere vivir su propia historia imitando personajes de la literatura, conseguir fama y escapar de la realidad; pero a diferencia del andante caballero manchego, Astier no incluye el honor en sus planes. El modelo literario de Don Quijote será Amadís de Gaula; el de Silvio Astier, Rocambole.

Hacia el final de la historia, el personaje reflexiona y se compara con Rocambole:

En realidad — no pude menos de decirme — soy un locoide con ciertas mezclas de pillo; pero Rocambole no era menos: asesinaba… yo no asesino. Por unos cuantos francos le levantó falso testimonio a “papá” Nicolo y lo hizo guillotinar. A la vieja Fipart que le quería como una madre la estranguló y mató… mató al capitán Williams, a quien él debía sus millones y su marquesado. ¿A quién no traicionó él?

(Si conocen la banda argentina Patricio Rey y sus redonditos de ricota, sabrán que el ilustrador Ricardo Cohen también tomó su apodo del personaje Rocambole del personaje literario)

Por otro lado, el robo se concreta con el ingreso a la biblioteca de la escuela. De esta manera, la literatura y los libros, en tanto objetos estéticos y objetos del mercado, marcan el inicio de una historia de vida llena de luchas por salir de la pobreza, fracasos, humillaciones, angustias, odios sociales y traiciones.

♦Pueden descargar el libro El juguete rabioso en este enlace.

♦El juguete rabioso. Guía de lectura. Julieta Pros. Longseller. Descargar en este enlace.

♦”Las aspiraciones de Silvio Astier: Fama, delito y lectura en El juguete rabioso de Roberto Arlt“, por Juan Pablo Canala, Revista Orbis Tertius, 2012, vol. 17, nro. 18.

♦Claves de lectura. Arlt novela: El juguete rabioso. Material educativo de educ.ar
http://www.conectate.gob.ar/sitios/conectate/Busqueda/buscar?rec_id=122369

Pueden ver la película basada en la novela:

Texto para debatir el tema de la libertad


Muchas obras literarias abordan el tema de la libertad, de elección y de acción, y la responsabilidad que implica tomar decisiones.

La Odisea, el Quijote y La vida es sueño son solo tres ejemplos de obras literarias que abren el diálogo y el debate sobre la libertad. Hoy les dejo un texto que reflexiona sobre la libertad, la responsabilidad y la educación: “La mariposa azul” de Miguel Ángel Santos Guerra, incluido en La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula (Homo Sapiens ediciones, 2006).

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La mariposa azul

Hay quien se empeña en endosar la raíz de todos sus males a fuerzas externas, a diversos agentes que no puede controlar, a instancias exógenas completamente ajenas a su influencia. Todo lo que les sucede tiene su origen en otras personas, en acontecimientos o circunstancias incontrolables.
Al parecer nada de lo que les pasa depende de su voluntad y nada es fruto de su exclusiva responsabilidad. El origen de sus carencias, limitaciones, defectos y problemas está en los dioses, en los políticos, en los profesores, en los padres, en los jefes o en el azar en general.
De esta sencilla manera evitan cualquier responsabilidad y dejan hecho trizas el concepto de libertad. El determinismo biológico, sociológico o psicológico explican cuál es la verdadera causa de la situación que atraviesan.
El miedo a la libertad (rememoro aquí el famoso libro de Erich Fromm) nos hace esclavos de nosotros mismos. Tenemos no sólo el derecho sino el deber de hacernos personas libres. Decía Max Stirner: “La libertad no puede ser concedida, tiene que ser conquistada”.
La libertad lleva aparejado el concepto de responsabilidad. Somos responsables porque somos libres. “Libertad significa responsabilidad dice Bernard Shaw por eso le tienen tanto miedo la mayoría de las personas”.
Hay condicionamientos e influencias, claro está. Pero somos responsables de nuestros actos. Por eso me sorprende esa miserable reacción que consiste en echar las culpas a los demás, a los jefes, a los acontecimientos o a los imponderables, esa irresponsable actitud de lavarse las manos ante hechos claramente imputables, y ese empeño tramposo de atribuirse los éxitos y de sacudirse los fracasos.
Los terroristas echan la culpa de sus crímenes al Estado opresor, los políticos en el poder a los que les precedieron en el gobierno, los delincuentes a las pésimas condiciones del contexto social, los profesores a los alumnos por ser torpes y perezosos, los padres a la negligencia de los profesores… ¿Nadie es responsable de nada? Al parecer no. Porque los terroristas siguen matando. Los políticos que cometen gravísimos errores no toman la decisión de abandonar sus puestos, los médicos que se equivocan son protegidos por una actitud gremialista de los colegas…
Muchos seres humanos buscamos excusas donde no debería haber más que conciencia de la irresponsabilidad cuando se han hecho las cosas mal.
– Es que…
– Es que…
– Es que..
Lo que sigue a esta expresión suelen ser excusas y disculpas, cuando no falsedades y mentiras. En definitiva, el rechazo de la responsabilidad.

Me envía una amiga la siguiente historia, de autor anónimo, que quiero compartir con el lector para avivar estas reflexiones sobre la responsabilidad y la libertad. Sobre los diversos determinismos que, a veces, nos atan al enajenamiento.
Había un viudo que vivía con sus dos hijas, curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. Él sabía responder algunas, otras no.
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a las preguntas sin la menor vacilación.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder.
Una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que utilizaría para engañar al sabio.
– ¿Qué vas a hacer?, preguntó la hermana.
– Voy a esconder la mariposa en mis manos y voy a preguntar al sabio si está viva o muerta. Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta, será una respuesta equivocada.
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
– Tengo aquí una mariposa azul, dijo una de las hermanas. Dígame, ¿está viva o está muerta?
Con mucha calma, el sabio sonrió y respondió:
– La respuesta está en tus manos.
Así es nuestra vida. La tenemos en nuestras manos. Depende de nosotros mismos el hacerla respetable o indecente. Muchas veces la hacemos depender del pensamiento de otros, de las actitudes de los otros, de las decisiones de los otros, de las condiciones que nos rodean. El determinismo nos entrega al conformismo, al desaliento y a la irresponsabilidad.
El destino reparte las cartas. Y nosotros las jugamos. Depende, pues, de nosotros. Como dice José Antonio Marina: el estado del mar y la racha de los vientos no dependen de nosotros, pero sí el manejo del barco.
La mariposa azul de la vida está en nuestras manos. Podemos dejarla volar o aplastarla hasta la asfixia. Decir que el frío nos hizo apretar las manos o que el calor nos hizo separarlas son excusas inaceptables. Decía Forester que “la verdadera educación, antes que nada, debe comunicar el sentimiento de la responsabilidad personal”. Por eso, el colmo de la irresponsabilidad es que los padres respalden a sus hijos cuando han tenido comportamientos indeseables y han sido justamente reprendidos por sus educadores. No asumir responsabilidades es un signo evidente de inmadurez. Y no exigirlas es una señal muy clara de la inconsistencia del sistema educativo y de la misma democracia.

Tomado de La estrategia del caballo y otras fábulas para trabajar en el aula, de Miguel Angel Santos Guerra, Rosario: Homo Sapiens ediciones, 2006

Intertextualidades de Castillo, Borges y Cortázar


Ese diálogo y tráfico de influencias que llamamos intertextualidad (de la que ya hemos hablado aquí, allá, más allá y en otras entradas) está presente en un cuento del genial Abelardo Castillo: “Historia para un tal Gaido”.

CastilloEste cuento recrea la temática borgeana del malevo, el coraje y la venganza, tal como aparecen en “Hombre de la esquina rosada” y  “El fin” de Borges. Pero la estructura del cuento y ese deslizamiento desde lo verosímil hacia lo fantástico lleva la impronta de Cortázar: el final de “Historia para un tal Gaido” nos remite a “Continuidad de los parques”.

El estudio escrito por Aníbal Jarkowski para El candelabro de plata y otros cuentos, de Abelardo Castillo, editado por Alfaguara, nos dice:

“Historia para un tal Gaido” es una irónica reescritura de aquellos cuentos que Borges dedicó a la veneración de un mítico coraje que guapos, malevos y compadres ejercieron en las, también míticas, orillas de Buenos Aires. […] Como resulta más o menos evidente, pero también inesperado, el final del relato se aparta de la solución borgeana […] y opta, en cambio, por el deslizamiento de la ficción sobre la realidad que Cortázar practicó en cuentos notables como “Continuidad de los parques” o “Instrucciones para John Howell”.

Recuros digitales:

“Julio Cortázar”, por A. Castillo, en Ser escritor, Buenos Aires, Ed. Perfil, 1997. Leer en este enlace.

Leer el cuento “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar en esta entrada.

Leer “Historia para un tal Gaido” en este enlac.
Pueden leer el cuento “El candelabro de plata” de Castillo en este enlace.

En este enlace, pueden descargar gratis la Guía de lectura de El candelabro de plata y otros cuentos, de Abelardo castillo, editado por Alfaguara.

“La intensidad”, por Guillermo Saccomanno. Reseña publicada en Radar, Página/12, 2006.

“Vale decir”, entrevista a Abelardo Castillo, Radar, Página/12, 2011.

Entrevita a Abelardo Castillo, en Clarín, 30 de noviembre de 2014

Entrevista a Abelardo Castillo, en La Nación, 30 de mayo de 2014

Una amistad de literatura fantástica“, por Diego Erlan, en Revista Ñ, Clarín, 10 de febrero de 2014. [sobre la amistad entre Castillo y Cortázar]

Julio Cortázar 1914-2014, Cien años, mil motivos para leerlo. Alfaguara. Descargar aquí.

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